lunes, 24 de mayo de 2010

El guardián de la torre


En nuestro último viaje, esta vez en forma de crucero, hicimos escala en Dubrovnik, la ciudad croata denominada con motivo "La Perla del Adriático". Su casco histórico, todo uniforme con techados de adobe, ofrece unas vistas impresionantes desde la muralla que lo rodea y que lo separa de los acantilados que dan al mar. A cada rato, a lo largo de todas las defensas, aparece algún puesto de vigía, entre los que destaca la gran torre Minceta. En lo alto de esta atalaya hay una habitación de unos 2 por 3 metros de amplitud desde la que se divisa de forma privilegiada toda la costa. La ciudadela sufrió muchos daños durante la guerra de los Balcanes que tuvo lugar en los años 90, pero fue fielmente reconstruida. Por la avalancha de guiris que soporta en la actualidad nadie diría que las bombas caían sobre Dubrovnik hace menos de 20 años. A pesar de tantos turistas paseando por las estrechas murallas y de que estábamos a pleno día, se podía uno imaginar las penurias que tendría que soportar el solitario vigía que montara guardia nocturna en aquella lúgubre cabina. Desde luego, un buen sitio donde quedarse para aislarse del mundo y volverse ermitaño, cosa que a veces da ganas de hacer viendo las cosas que pasan abajo.