viernes, 4 de junio de 2010

La línea de Salida


No son líneas pintadas en el suelo, como se hace hoy en día en los estadios deportivos actuales. Se trata de sillares de marmol incrustados en el suelo en forma lineal. Una línea de salida y otra de llegada, separadas entre sí por la mítica distancia de un estadio (distancia equivalente a 174,125 metros, o lo que es lo mismo a unos 600 pies de Hércules). Gracias a eso han persistido en ese lugar hasta nuestros días. Ese estadio, en el que los sinónimos se unifican (estadio como medida de longitud y estadio como recinto deportivo), se encuentra en el recinto arqueológico de Olimpia, en Grecia. Por allí estuvimos correteando cuando hicimos la excursión desde Katakolon, una de las escalas del crucero (viaje de fin de carrera de mi "Pintora Favorita").

Olimpia representa uno de los primeros intentos del hombre por abstraerse de su tendencia natural a guerrear unos con otros y tomar conciencia de que la razón puede llegar a imponerse al instinto, aunque fuera por unos cuantos días, ya que durante el tiempo que duraban los juegos olímpicos se paraban las guerras entre los pueblos de la península griega. Quizás algún día la paz no sólo sea panhélenica y durante los juegos olímpicos sino mundial y durante todo el año. De momento, ni siquiera durante nuestros juegos olímpicos modernos. Un utópico camino sin final para el que quedan muchos estadios y que comenzó en esa blanca piedra que marcaba la línea de salida.