miércoles, 21 de julio de 2010

El Oráculo del Nilo


Cuando el guía nos dejó unos minutos libres para pasear por el recinto se nos ocurrió buscarlo. Habíamos investigado el plano del templo de Horus, situado en la localidad egipcia de Edfú, y nos llamó la atención la existencia en este templo de un nilómetro. Existían muchos a lo largo del recorrido del río, la mayorìa de ellos en los templos, de los que se conservan algunos. A pesar de que el templo Ptolemáico de Horus no es demasiado grande, su laberinto de estancias y pasillos exteriores podía conseguir que no consiguieramos localizarlo, dado el poco tiempo que nos restaban para dirigirnos de vuelta al autobús. Sin embargo, no nos dió tiempo siquiera a preguntar cuando el "habbibi" de turno, que hacía las veces de vigilante del lugar (uno de esos que según mi cuñado parecían los extras o parte del decorado de una película), leyó nuestros pensamientos y nos hizo señales para que le acompañáramos. ¿A dónde nos llevará? ¡Que no nos da tiempo de encontrar el nilómetro...! Y en unos instantes estábamos ante una sencilla escalera que bajaba hasta un charco de agua estancada. Ni más ni menos que unos simples escalones que, si se desconoce su función, pasaban perfectamente desapercibidos.

Lógicamente, no es lo que era sino lo que había sido. Tras la construcción de la gigantesca presa de Asuán el Nilo ya no tiene crecidas. Pero hasta la mitad del siglo XX, de las crecidas del rio dependía la vida del país de los faraones. Según la altura de la escalera a la que llegara el agua, los sacerdotes podrían realizar una estimación de cómo serían las cosechas de esa estación, y de esta forma calcular los impuestos que podrían arrebatar a los agricultores. De hecho, las propias estancias del templo actuaban como sagrados graneros donde se acumulaban las "ofrendas". Como desde los tiempos inmemoriales, quien tiene la información tiene el poder, y para eso los chamanes de todos los pueblos siempre han sido los primeros.

"...cuando el ascenso alcanzaba doce codos, hay hambre; en trece hay escasez; catorce trae alegría; quince seguridad y dieciséis abundancia gozo o placer" (Plinio el Viejo).

Posteriormente en nuestro viaje veríamos otro nilómetro más llamativo, en este caso en forma circular, en el Templo de Sobek de Kom Ombo, y hay otros como el de Elefantina, al que se referían las palabras del historiador romano.

Volviendo al templo de Horus, se trata de uno de los mejor conservados pues data de la época griega de Egipto. Las estancias permanecen cubiertas, dándole al recinto un aspecto mágico gracias a un maestro juego de luces y sombras. A pesar del ataque de las hordas de turistas, en este sitio no es difícil abstraerse y disfrutar del ambiente.
Las paredes forman una gigantesca sopa de letras donde se puede descubrir porqué los reyes, descendientes de los dioses, tienen sangre azul...


...un furtivo abrazo de piedra...

...o al propio dios Horus reencarnado en un pequeño pajarillo que vigila desde lo alto el recinto sagrado. De todos los vigilantes, éste era el único que no pedía propinas a los turistas.

miércoles, 14 de julio de 2010

Zumo de naranja


Merodeando un día por los puestos de la Feria del Libro de Ocasión de Sevilla, ví un álbum de cromos que yo tuve en mi infancia (y que aún conservo) pero que no pude llegar a completar nunca: "Fútbol en Acción", del año 82, en el que "Naranjito", con motivo del Mundial que organizaba España, hacía un repaso de la historia del fútbol y de las principales estrellas que estaban en ese momento en la cumbre (Maradona, Zico, Rummenigge...), a la que jamás podríamos pensar que llegarían a alcanzar los pobres españoles. Ahí quedó, en el cajón de los comics, revistas y demás que todavía guarda mi madre (menos mal que en su santa paciencia todavía no le ha dado por hacer limpieza y tirarlo todo), igual que quedó guardada la ilusión de que España algún día llegara a ganar un Mundial. 


Siempre tuve curiosidad por ver esos cromos que me faltaron por completar, entre otras cosas porque la cantidad de yogures danone que había que comer para poder terminarlo era enorme. Estuve a punto de comprar ese álbum completo en la Feria del Libro. Un álbum que tuvo en parte la culpa de que me entrara el gusanillo del fútbol, y también el de conocer otros sitios. Me decía que en el futuro me gustaría viajar a esos países que participaban en el mundial, o por lo menos a las ciudades donde se celebraban los partidos.

Volviendo la vista atrás resulta que he tenido suerte y he podido ir ya a algún que otro viajecillo. Uno de los viajes que recordamos con más cariño es que el hicimos a la ciudad de Amsterdam. Se trata de un lugar que, sin poseer grandes monumentos como París, Londres o Roma, tiene un encanto especial en su conjunto, sobre todo como lugar de paseo. Siempre y cuando se tenga cuidado en no ponerse en el camino de un coche, un tranvía, o de alguna de las miles de bicicletas que cruzan sus calles todo el tiempo. Pero es imprescindible dejarse perder por el entramado de canales y puentes, todos iguales y a la vez diferentes.
O descansar un rato en la explanada de los museos, tras la foto de rigor con las letras gigantes del cartel que dice "I amsterdam" haciendo un juego de palabras.
Buscar alguno de los molinos que aún aguantan en pie en la ciudad...

...acariciar al perrito de bronce que formaba parte de la recreación en estatuas del famoso cuadro "Ronda de Noche" de Rembrandt, que estaban situadas en la plaza dedicada al pintor...
O disfrutar de los (c)olores del mercado de las flores... Intentar buscar la casa más estrecha, O la tienda de quesos más grande.

O bien pedir un zumo de naranja y otras frutas, fresquito, para tomarlo mientras recorremos un mercadillo callejero.

Saludar a las mariposas del jardín botánico...
Pero a pesar de los buenos recuerdos que trajimos de allí (y que me perdone Naranjito)...menos mal que el pasado domingo los jugadores de España consiguieron hacer "zumo de naranja". ¡¡¡Campeones!!! Por los viejos tiempos...