lunes, 3 de enero de 2011

Capitulo 2 del viaje a Egipto - Karnak (3ª parte: El Santa Santorum)

Antes de seguir paseando por Karnak, vemos las zonas que hemos atravesado hasta el momento:
Atravesando el tercer pílono, construido por Amenofis III, se accede a un espacio particular que marcaba el punto de encuentro de los ejes sagrados del mundo: aquí el eje celeste se cruzaba con el eje terrestre y este encuentro se marcó con cuatro obeliscos que mandaron construir Tutmosis I y II. De los cuatro obeliscos hoy en día sólo queda uno. 
Entre el cuarto y quinto pílono se encuentra un vestíbulo transversal llamado antiguamente Uagit (“el verdeante”), adornado en su origen con grandes columnas y hoy día prácticamente en ruinas; aquí la reina Hatshepsut mandó levantar sus dos obeliscos de granito rosa, de los cuales sólo permanece uno in situ.
"La función de los obeliscos parece vinculada al culto solar de Heliópolis, al identificarse esta construcción con el primer punto en el que se posaron los rayos del Sol durante la creación del mundo. De hecho, la palabra “tejen” (txn) usada por los egipcios para denominar a estas enormes agujas, significaba literalmente “rayos de sol”.
"Sea como fuere, no cabe duda de que los obeliscos ofrecen una serie de misterios que aún hoy día los expertos no han podido resolver, como el procedimiento que tenían los egipcios para erigir un obelisco sin aplastar su zócalo, o su traslado, levantamiento y colocación milimétrica y orientada de forma exacta hacia los diferentes puntos cardinales". 
"¿Cómo trasladaron los egipcios miles de toneladas de piedra sin romper la frágil estructura de los obeliscos? Hoy día a ningún constructor moderno se le pasa por la cabeza realizar un bloque de piedra de tan descomunales proporciones por el simple hecho de que sería imposible de mover. Nuestros camiones de mayor carga pueden transportar apenas 50 toneladas. En caso de, por ejemplo, cargar con una viga para un puente de un peso mayor, deben ir escoltados por la policía de carretera y a una velocidad de 20 km/h. ¿Cómo lograron los egipcios, entonces, cargar manualmente lo que hoy no podemos hacer con nuestras mejores máquinas? Tradicionalmente se ha interpretado que el traslado de un gran obelisco se realizaba arrastrándolo hasta el río, donde era embarcado en un gran barco de papiro y madera. La lógica nos lleva a pensar que el objeto saldría totalmente acabado de la cantera. Con ello se pretendía evitar cargar con un peso mayor innecesario. Así, sería mucho el cuidado que, a lo largo del trayecto, se debía de dar al piramidión y a las aristas del obelisco para no deteriorarlas". 
"Sin embargo, son muchos los enigmas que nos inquietan a la hora de plantear esta teoría. ¿Por qué pista o camino fueron trasladados? No se ha conservado ninguna infraestructura parecida y los aledaños de la cantera de Asuán hasta el río no son, precisamente, una superficie rocosa como pueda ser la meseta de Gizéh. ¿Cuanta gente pudo colaborar en su traslado? Lo ignoramos; e intentar pensar en un cálculo aproximado parece a todas luces inútil, toda vez que no sabemos el método ni el camino que pudieron utilizar. Sobre el procedimiento de traslado sucede otro tanto. Los célebres rodillos o trineos de madera -de estos últimos tenemos algunos buenos ejemplos en relieves legados por los propios egipcios- se aplastarían bajo el peso del obelisco y, según investigaciones actuales , ni los más modernos cilindros de acero aguantarían el peso y movimiento de un objeto de estas características".
"Supongamos, haciendo un alarde de imaginación, que hemos llegado finalmente al río con alguno de los métodos anteriormente expuestos. ¿Qué barco del año 1400 a.C. podría aguantar 1.200 toneladas? En algunos de los relieves del templo de la reina Hatshepsut se observan algunos relieves en donde se representan barcos que trasladan obeliscos por el Nilo. Sin embargo, las proporciones en el dibujo no han sido guardadas, si es que realmente los obeliscos allí representados son los de Karnak, tal y como nos narra el texto jeroglífico que acompaña a la escena." 
"...La altura de estas piezas superaba los 20 m, aunque en el dibujo aparecen más pequeños en proporción con los tripulantes, norma muy común en los relieves egipcios. Pero más que una respuesta a nuestra pregunta, el relieve parece ofrecernos una sorpresa mayor ya que el barco transporta dos obeliscos a la vez..."
"¿Qué tipo de barco podía cargar más de 2.000 toneladas sobre un río en el que no existe un solo punto con calado considerable? Si a esto añadimos que el Nilo está repleto de bancos de arena y de bajos, en donde suelen verse atrapados los barcos modernos, construidos expresamente para este recorrido, parece inexplicable cómo pudieron los egipcios transportar estos grandes obeliscos cientos de kilómetros río abajo."

"Algunos especialistas modernos ofrecen una teoría para la colocación exacta de los obeliscos egipcios: ante el lugar elegido para su levantamiento se fabricaba una rampa de arena y barro por la que se dejaba caer lentamente el obelisco, orientándolo hacia el lugar elegido con una serie de cuerdas que tensaban o frenaban la caída según se precisara. Abajo se construía un grueso muro se contención con varios canales en su interior ara que fluyera la arena desalojada, y que funcionaba de tope mientras que se tensaban las cuerdas que hacían ascender el obelisco." 

Uno de los dibujos que realizan los guías en la piedra para explicar a los turistas cómo pudo haberse realizado el levantamiento de los obeliscos.
"Las generaciones futuras se preguntarán sobre la técnica e izado de este gran monolito"
(Inscripción de la Reina Hatshepsut en el obelisco más grande del templo de Karnak)
Uno de los obeliscos gemelos de granito rosa construidos por Hatshepsut sufrió en siglos o milenios posteriores un intento de traslado con el resultado que vemos en las fotografías. 
 
La punta del obelisco (piramidión) era revestida de electrum, un combinado natural de oro y plata al que se añadía con frecuencia un porcentaje de cobre. Esto ha hecho pensar a algunos que los obeliscos pudieron servir como pararrayos.

Alcanzando la cúspide del Obelisco.





De vez en cuando algún egipcio solitario parte piedra o barre, aunque parece que esto es una excusa para vivir de las propinas de los turistas.

Tras el patio, la Capilla de la Barca Sagrada, de granito rojo, dividida en dos salas, la exterior, en donde se presentaban ofrendas ante el dios y la interior destinada a guardar su barca




Detalle del techo de la capilla con el cielo estrellado
Todos los años en verano, el Nilo crecía y abandonaba su cauce para fecundar su amada, la tierra de Egipto. Amón, que residía en el Templo de Karnak, salía de su morada portado a hombros de sus miles de Sacerdotes hasta el río, donde navegaba hacia la morada de su mujer, la diosa Mut, en el templo de Luxor. El resultado de la unión es Jonsu, dios de la Luna, cuyo templo está detrás del de su padre, en Karnak, y la prosperidad de las cosechas para la tierra de Egipto. El camino de vuelta era terrestre, por el camino de esfinges de carneros.
Del Patio Central o del Imperio Medio no conserva ni una sola de las estructuras que en su día se alzaban en él. Tan sólo quedan los restos de un pedestal de alabastro sobre el que descansaba la capilla del santuario primitivo y dos bloques que rememoran un estructura anterior, posiblemente una de las cámaras contiguas a la capilla.
Tras el Patio Central llegamos al Ajmenu, edificio construido por Tutmosis III en el que podemos encontrar la famosa “Sala de la Fiesta”, estrechamente ligada al “Heb-Seb” o fiesta de la Regeneración.  Hermosa sala hipóstila sostenida por dos hileras de 10 columnas y una de 32 pilares rectangulares. Rastros de pinturas datables en el siglo VI de nuestra era han sido hallados sobre algunos de estos pilares y atestiguan que la sala fue transformada en iglesia por una comunidad cristiana.



Quién sabe si el origen de los templos cristianos tal y como los conocemos hoy día (nave central, naves laterales, orientación hacia el altar, columnas, etc…) se encuentra en este lugar…


En el Ajmenu, además de la “Sala de la Fiesta”, también se encontraba el llamado “Jardín Botánico”, conjunto de salas decoradas con representaciones de plantas y animales exóticos (sobre todo de Siria y Palestina, donde el faraón había emprendido numerosas campañas militares). Este sector del templo no tiene equivalente en todo Egipto, pero la hipótesis más probable es que representara la variedad de formas y especies de la naturaleza en un sistema ordenado, característica esencial del Universo.
Aunque esta zona del Ajmenu se nos escapó de ver, os dejo una muestra de los dibujos que hay allí, sacada de Internet, para que os hagáis una idea…Desde luego, las paredes de los templos egipcios son verdaderas enciclopedias. En este caso, suponemos que todo especialista en plantas del antiguo Egipto hubiera dado lo que no tenía por entrar en este lugar a “estudiar” el mundo vegetal labrado en la roca.

Y este es el plano de la zona más antigua del templo, siguiendo aún el eje Este-Oeste: 
En el flanco del séptimo pílono se encuentra el lago sagrado, imagen del océano primordial, del que fue creado el mundo: el remanso, en el que nadaban las ocas consagradas a Amón, se alimentaba de las aguas del Nilo y servía tanto para las abluciones rituales de los Sacerdotes de Amón como para las evoluciones de las embarcaciones sagradas.


Este escarabajo sobre pedestal representa a Jepri, el sol de la mañana. Situado actualmente frente al Lago Sagrado, originalmente se encontraba en los restos del templo de Amenhotep III (donde actualmente sólo quedan los dos colosos de Memnon) pero lo trasladaron a Karnak. 

La tradición dice que si se pide un deseo, se cumplirá si se dan tres vueltas alrededor del coleóptero éste. Por hacer ejercicio y por pedir que no quede, así que allí estábamos todos, pidiendo el deseo y dándole vueltas al bichito..
      
 Curioseando...
El templo de Amón está orientado, desde el primer al sexto pílonos según un eje este-oeste siguiendo la trayectoria del sol y simbolizando el eje solar y celeste. Pero también hay un eje norte-sur que abraca del séptimo al décimo pilono, en paralelo al curso del Nilo y que indicaba el eje real o terrestre. 
Pues justo antes de ese séptimo pilono se extiende el “patio de la cachette o del escondrijo”, donde en 1901 el arqueólogo francés Legrain descubrió (escondidas bajo su suelo probablemente por los Sacerdotes de Amón de la época Ptolemaica), unas 17.000 estatuillas de bronce y cerca de 900 grandes estatuas de piedra. 
 
Por último, esquema del eje Norte-Sur del templo: 
El tiempo libre para pasear por Karnak no da para mucho más y aún tenemos que llegar hasta la explanada donde se encuentra el bus. Pero no podemos marchar sin despedirnos de lo más impresionante del Templo: El Bosque de Columnas…
Resulta difícil imaginar hoy día la importancia y la riqueza del templo de Amón en el momento de su máximo esplendor, dado que el patrimonio de los sacerdotes de Amón, que alimentaban continuamente con las ofrendas al dios, del que los sacerdotes eran los guardianes, rivalizaba (y a veces superaba) a la del propio faraón. Un ejemplo: según se relata en el Papiro de Harris, en un momento dado llegaron a trabajar más de 20.000 personas al servicio del templo…

Si el escarabajito hace su trabajo y cumple nuestro deseo, algún día de nuestra vida volveremos a estar a la sombra de estas imponentes moles que se elevan hasta el cielo desde los confines del tiempo…
Pero no le damos tiempo a la pena por irnos de Karnak por todo lo que nos espera en esta mañana…Ahora nos vamos directamente al …¡Valle de los Reyes! ¿Nos seguís?

FIN DE NUESTRA VISITA A KARNAK 
¡Hasta el próximo capítulo!

Referencias bibliográficas del Capítulo 2 (Templo de Karnak):

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