sábado, 19 de febrero de 2011

Capitulo 3 del Viaje a Egipto - Valle de los Reyes (2ª parte: Ramsés IV)

Vamos pues al grano. Aunque no nos dejaron hacer fotos dentro de las tumbas, iremos ilustrando con fotos que hemos encontrado por internet. Comenzamos por KV2 (el número de la tumba va precedido de las letras KV, siglas en inglés de “King’s Valley” ó Valle de los Reyes), la tumba de Ramsés IV, uno de los faraones ramésidas.
Esta es una de las más impresionantes tumbas del Valle de los Reyes. Fue visitada y medida por el explorador Richard Pocoke hacía mucho (en 1737) y sirvió a Champollion como alojamiento en su visita a Tebas en 1828. Los primeros cristianos la utilizaron como iglesia y dejaron graffitis en sus paredes. Hay al menos setecientos de origen greco-romano, además de unos cincuenta coptos en toda la extensión de la tumba. El plano original de la tumba fue trazado en un papiro que está ahora en el museo de Turín. El techo está decorado maravillosamente y pintado con los cartuchos de los nombres de reyes, escarabajos alados y buitres…
Ficha técnica de la tumba Kv2: Ramsés IV
Ramsés IV era el quinto hijo de Ramsés III, pero accedió al trono cuando tenía unos cuarenta años, ya que sus cuatro hermanos mayores había muerto previamente.
Al igual que Ramsés II, proyectó grandes edificaciones pero no vivió lo suficiente para lograr sus metas. En la foto, bajorrelieve del monarca en el templo de Jonsu en Karnak.
07/08/2006: “EL MUSEO DE EL CAIRO EXHIBE LA MOMIA DEL FARAON RAMSES IV: La momia del faraón Ramsés IV (foto) se presenta al público junto con otros 10 cuerpos de reyes y reinas en una nueva sala del Museo Egipcio. Las momias, halladas en dos escondrijos del Valle de los Reyes, en Luxor, en 1881 y 1898, han sido restauradas y tratadas contra la humedad para impedir el desarrollo de bacterias”.
La momia podríamos verla al siguiente sábado en el Museo de Antigüedades de El Cairo, en la Sala de las Momias…
Globalmente, se podría decir que KV2 presenta el mismo perfil que el resto de las tumbas ramésidas, con poca inclinación y cámaras laterales, aunque es un tanto reducida en comparación con la de otros faraones.
 Plano
  • A: Como es habitual, en la rampa de entrada A no existe ninguna decoración, exceptuando la entrada a la estancia siguiente, donde aparece el disco solar flanqueado por diosas.
  • B y C: Los pasillos B y C presentan la Letanía de Ra, un motivo muy usual en la época ramésida. Ramsés IV sería el penúltimo faraón en incluirla en su tumba. El corredor B también muestra escenas del monarca ante el dios Ra-Horajti.
  • D: El corredor D muestra, por primera vez en una tumba, el Libro de las Cavernas.
  • E: En la antecámara (E) existen numerosas escenas del Libro de los Muertos.
  • F: En la cámara sepulcral se nos presentan partes del Libro de las Puertas, del Libro del Amduat y, en el techo, también por primera vez, el Libro de los Cielos (en lugar de la típica representación del cielo que aparece en la mayoría de las tumbas reales).
  • G: En el pasillo G y las cámaras anexas existen más partes del Libro de las Cavernas y representaciones del rey rodeado de algunos dioses. Además, en la cámara Gb aparecen objetos funerarios que probablemente estuvieran colocados en aquel mismo lugar. Algunos frescos únicos en el Valle son la aparición de los dioses Shu y Tefnut en el Libro de los Cielos, o las curiosas figuras mumiformes de las salas Ga y Gc.
Plano isométrico
Tras la revolución amarniense de Akenatón, aparecieron en Egipto nuevos libros religiosos, todos relacionados con la diosa Nut, la que se traga al Sol (Ra) al atardecer y la que le da vida al amanecer. Algunos de los pasajes de este libro se encuentran en tumbas del período ramésida. Los libros que se encuentran bajo la denominación Libro de los Cielos son:  El Libro del Día, El Libro de la Noche, El Libro de Nut, El Libro de la Vaca Celestial.
 
Tras la explicación del guía fuera del recinto, bajamos ya las escaleras. La sensación al entrar en la tumba es extraña. Fuera domina el calor, la luz y un único color: el de la arena. Dentro, una leve disminución de la temperatura nos da la bienvenida a un mundo oscuro pero a la vez lleno de colores. Inmediatamente recreamos el lugar en el momento en que el ajetreo de curiosos termina, la luz se apaga, y las puertas se cierran dejando fuera al Mundo y dentro a la Eternidad.
Debe ser ingente el esfuerzo por abstraernos del lugar para imaginar la soledad del cuerpo del faraón en su sarcófago, ya que somos mucha gente a la vez en el interior (no me extraña que de vez en cuando tengan que cerrar alguna que otra tumba al público). Mientras tanto, abrimos bien los ojos para tratar de captar en unos pocos minutos todo lo que podamos. Una biblioteca de arte y conocimiento arcaicos, de los que no entendemos casi nada, pero que habla por sí sólo. Da vértigo pensar que el trazo que representa a un dios, el dibujo de una serpiente, los colores de ese otro símbolo, llevan ahí tan sólo unos ¡3.100 años! Y eso que el Valle de los Reyes no es de lo más antiguo que veremos en este viaje.
Pared
Tras la revolución amarniense de Akenatón, aparecieron en Egipto nuevos libros religiosos, todos relacionados con la diosa Nut, la que se traga al Sol (Ra) al atardecer y la que le da vida al amanecer. Algunos de los pasajes de este libro se encuentran en tumbas del período ramésida. Los libros que se encuentran bajo la denominación Libro de los Cielos son:  El Libro del Día, El Libro de la Noche, El Libro de Nut, El Libro de la Vaca Celestial.
Techo
Llama la atención entre las pinturas de la tumba la existencia de una figura femenina en forma arqueada, con su vientre de cara a la tierra. Se trata de Nut, una diosa imprescindible en el panteón egipcio, ya que fue la que concibió a todos los cinco dioses osíriacos: Osiris, Horus, Seth, Neftis e Isis (por este orden), cuyas historias son muy entretenidas como veremos en próximos capítulos. Vamos de momento con la de la madre.
Detalle de una pared
Según el mito, Nut era hija de Shu y hermana y esposa de Geb (en aquella época los líos intrafamiliares eran de lo más normal, sobre todo tratándose de dioses pero también de quienes no eran dioses pero creían serlo, los faraones). Resulta que Shu (su padre) y Ra, por algún oscuro motivo, intentaron apartarla de su esposo para que no tuviera hijos, y por ello Ra le prohibió encontrarse con él durante los 360 días con los que contaba hasta entonces el calendario egipcio. Pero Nut venció esta prohibición con un pequeño pero a la vez difícil truco: añadió cinco días más al año. ¿Cómo lo consiguió? Pues muy fácil, arrebatándoselos (probablemente con la ayuda del "sabelotodo" Thot) a la Luna (representada por Jonsu, el mismo que formaba parte de la triada tebana, como hemos visto en el Templo de Karnak). Como había que aprovechar el tiempo, tuvo ni más ni menos que cinco hijos, uno por día. 
Esos días añadidos son conocidos como los días epagómenos, y constituían el "mes del nacimiento de los Dioses", un mes aparte de las tres tradicionales estaciones en las que se dividía el año egipcio: Inundación (ajet); siembra o salida (peret) y recolección o sequía (shemu). No confundir la segunda de las estaciones (peret) con el inventor de la rumba catalana: los egipcios eran muy adelantados en esa época pero (muy a pesar de nuestro guía) no creo que tanto. Bastante tenían con ser los inventores o descubridores del año solar:
"Los egipcios fueron los primeros de todos los hombres que descubrieron el año, y decían que esto lo hallaron a partir de los astros". Herodoto (Historias II-4)
Imagen del interior de la tumba, con la cámara sepulcral y el sarcófago al fondo.
Bonita parábola de cómo los antiguos cuadraban las cuentas astrológico-matemáticas a golpe de mito religioso. Pero aún nos queda otra anécdota relacionada con Nut, y que engrosará la incipiente lista de parecidos razonables entre la religión egipcia y la cristiana (quedan muchos aún).
Resulta que Nut, oriunda de Heliópolis, moraba bajo un sicomoro, especie de higuera de medio oriente y el norte de África. Según la tradición era precisamente el mismo sicomoro bajo el que se sentó a descansar ni más ni menos que...¡la Virgen María! en su viaje a Egipto. Vaya casualidad, o tal vez no tanto si tenemos en cuenta que las ramas del sicomoro eran el refugio de las almas cansadas.
La diosa Nut
Días después, creo recordar que en la ciudad de Asuán, el guía nos mostró algunos sicomoros mientras íbamos en autobús hacia una excursión. Y también nos mostró su asombro cuando una persona de nuestro grupo le recordó que era un sicomoro el árbol que daba sombra en el patio de Sinuhé el Egipcio. Si es que había mucha niña repelente viajando con nosotros, jeje.
"Nuestra casa era vasta en comparación con las casuchas de barro que flanqueaban en hileras desoladas los estrechos callejones. Teníamos incluso un jardincillo de algunos pasos en el que crecía un sicomoro plantado por mi padre. Matojos de acacias lo separaban de la calle y había una especie de estanque de piedra que sólo se llenaba de agua cuando las crecidas del río". Sinuhé el Egipcio. Mika Waltari
Y para no andarnos por las ramas (del sicomoro en este caso), nos vamos para otra tumba, con la explicación previa del guía antes de entrar, como ocurrió con la primera de ellas. Ahora toca la de otro ramésida, concretamente el que le dió nombre a la saga: Ramsés I. Pero para eso tendréis que esperar... 
¡Hasta el próximo capítulo!


Referencias bibliográficas del Capítulo 3 (El Valle de los Reyes): Ramsés IV.