viernes, 25 de febrero de 2011

Capitulo 3 del Viaje a Egipto - Valle de los Reyes (6ª parte: Cosas Maravillosas)

Howard Carter, apoyado moral y económicamente por Lord Carnarvon, emprendió la búsqueda de la tumba de Tutankamón en el valle de los Reyes, búsqueda que duró varios años. Corría el otoño del año 1922, quedaban unas pocas semanas para que venciera la concesión, Carter y su equipo estaban desmoralizados y a punto de abandonar, cuando el hallazgo de un escalón en el último tramo de roca debajo de la tumba de Ramsés VI, devolvió la esperanza a la expedición. Era el 4 de noviembre de 1922.
Los largos años de espera parecieron disiparse de golpe cuando, al final de una escalinata anteriormente oculta por los escombros, el arqueólogo se encontró frente a los sellos intactos de la tumba de Tutankamón. Carter se contuvo a duras penas de romperlos y llegar hasta el interior. En lugar de eso, volvió a ocultar todo lo que con tanta dificultad había descubierto, hizo proteger la entrada por soldados armados y envió a Carnavon el siguiente telegrama: "Finalmente hecho maravilloso descubrimiento en el valle. Magnífica tumba con sellos intactos. Vuelta a cerrar esperando su llegada. Enhorabuena". El lord partió inmediatamente acompañado por su hija, y el 24 de noviembre se encontraba en el lugar, cuando se apartó la puerta.
Tras un largo corredor en el que se esparcían fragmentos de objetos, había una segunda puerta también sellada. En cualquier caso, los descubridores refrenaron su entusiasmo, puesto que los sellos, aunque intactos, habían sido colocados junto a los de Tutankamón en un periodo sin duda posterior a la sepultura del rey. A través de un pequeño orificio practicado en la puerta, Carter introdujo primeramente una vela para asegurarse de que no había gases nocivos en la tumba. Siempre con la vela ante sí, se introdujo en la cámara. Al responder a Cárnavon, que le preguntaba desde el corredor qué veía, el arqueólogo sólo logró balbucear, después de un larguísimo silencio: "Cosas maravillosas"
Mientras en el mundo se difundía la noticia del sensacional descubrimiento, los especialistas no cedieron a la curiosidad, y bloquearon una vez más la excavación a fin de organizar un equipo preparado para afrontar, del modo más adecuado, la parte más delicada del trabajo. 
El viernes 17 de febrero de 1923, ante representantes de la prensa, Carter retiró los ladrillos de cierre de la cámara sepulcral y, a la luz de la linterna eléctrica, se les presentó una visión increíble: en el interior, a menos de un metro de distancia de la puerta, resplandecía lo que parecía un sólido muro de oro. Se trataba de una gran capilla de madera enteramente revestida con láminas de oro, cuyos tesoros interiores nadie podía imaginar. Se apartó la cubierta y en un momento se vieron coronados todos aquellos años de trabajo: el sello de una segunda capilla, esta vez original e intacto, tal y como lo habían colocado los que acompañaron al rey en su último viaje terrenal. 
Todos los presentes entraron por turno en la angosta cámara y visitaron la estancia adyacente, que posterioremente sería denominada "del tesoro". Allí aparecieron una cantidad y una riqueza de objetos sin precedentes en la historia de la arqueología. Una gran caja de madera dorada con las cuatro divinidades tutelares en los lados yacía junto a una inimaginable cantidad de objetos, muchos de los cuales eran de uso cotidiano: un abanico de plumas, un carro muy historiado, las vasijas de alabastro que contenían las vísceras del faraón, etc.
Hasta 1925 no se rompieron los sellos de la segunda capilla dorada, en cuyo interior se encontraron, sucesivamente, otras dos. Éstas, como cajitas chinas, contenían un gran sarcófago de granito que encerraba a su vez tres sarcófagos, el último de los cuales era de oro. En el interior, protegida por una máscara funeraria de oro, se encontraba la momia, ricamente adornada pero en pésimas condiciones debido a la profusión de ungüentos y perfumes. Así comenzó para Carter una larga fase de estudio que no concluyó hasta su muerte, en 1939. Los hallazgos, hasta unos 3500 objetos, fueron sometidos a complejas tareas de inventario, fotografía y restauración, que hoy permiten admirar los tesoros del faraón en el Museo Nacional de El Cairo. Los veremos con detalle cuando repasemos más adelante nuestra visita al Museo.
 
Podemos decir que por un lado, la historia tuvo final feliz. Pero por otra parte no tanto, como veremos en el siguiente capítulo...
Referencias bibliográficas:
• Información general sobre el Valle de los Reyes: http://www.terra.es/personal/miguellb/vallereyes/kvindice.htm
• La Tumba de Tutankamón: