jueves, 17 de marzo de 2011

Capitulo 3 del Viaje a Egipto - Valle de los Reyes (9ª parte: El Proceso)

El Proceso de construcción de las tumbas
Cuando el nuevo faraón era coronado, su visir, jefe cantero y arquitecto visitaban el Valle de los Reyes con la intención de elegir un sitio para la nueva tumba. Dicha elección tenía que ser aprobada por el rey mismo y se procedía a la “Fundación Ritual”. 
La construcción empezaba por la eliminación de las materias superficiales para llegar a la roca del fondo. Y después los picapedreros cortarían la puerta de entrada, los pasillos y las cámaras. Otros artesanos alisan el suelo, las paredes y el techo. El escoplo usado de cobre o bronce se golpeaba con el mazo. Los escombros y astillas de piedra eran sacados en cestas.  Las paredes eran pulidas con piedra y cualquier hueco o grieta era enyesado. La superficie de la piedra se pintaba con una capa fina de yeso, y luego los artesanos bosquejaban esbozos de figuras y representaciones en pintura roja. Algunas eran corregidas en negro y luego venían los escultores con pintores rellenando los alivios y fondos.
Parece que el trabajo fue dividido entre dos equipos trabajando por dos turnos con un descanso al mediodía. El primer día de trabajo se recordaba en papiro por los escribanos.
La iluminación que se utilizaba para el trabajo en las tumbas sigue siendo hoy día uno más de los misterios del Antiguo Egipto. No se han encontrado restos de hollín de lámparas de aceite que pudieran sacar de la oscuridad a los obreros. Por ello, se ha especulado con la hipótesis de que utilizaran los rayos del sol proyectados de alguna forma hacia el interior de la tumba de forma que se pudieran obtener colores como estos:

El Proceso de Momificación
Sólo los egipcios más ricos, además del faraón y su familia, podían encargar su momificación, ya que era un proceso muy costoso, además de largo:  la momificación tardaba 70 días en ser finalizada.
La palabra Momia procede del persa mummia, que significa "cosa bituminizada", de ahí su apariencia obscura. De esta vocablo persa, se deriva la palabra árabe múmmiya, de "mum", betún o cera mineral, sustancia que se utilizaba muchísimo durante la momificación de los cuerpos.
El proceso de momificación se llevaba a cabo dos o tres días después de la muerte. El cuerpo era llevado a los embalsamadores, quienes trabajaban a orillas del Nilo, ya que se necesita agua en abundancia. Se colocaba al difunto sobre una mesa de piedra o de madera, e incluso de alabastro, cuyas patas y su decoración tomaban la forma de león. También se empleaban otras más pequeñas para depositar los órganos del difunto. Se lavaba el cuerpo y se procedía a la extracción del cerebro. A continuación, los órganos internos: el estómago, los intestinos, los pulmones y el hígado. Los envolvían en un paño de lino y se introducían dentro de los cuatro vasos canopos bajo la protección de cuatro dioses especiales, llamados “hijos de Horus”, representados en las tapas de dichos vasos: 
El corazón se dejaba dentro del cuerpo porque no debía separarse de su cuerpo, pues era el lugar donde residían los sentimientos, la conciencia y la vida. A continuación el cuerpo era cubierto con natrón, una sal que lo desecaba. Este tratamiento duraba entre 35 y 40 días, de forma que el cuerpo al estar totalmente deshidratado, ya no se descomponía. Se rellenaba utilizando limo o serrín procedentes del Nilo o especias. Después se cosía, y a veces, lo cerraban con lino, una placa de cera o tratándose de un rey, con una chapa de oro. Se lavaba con agua del Nilo y se ungía con bálsamos aromáticos. Y ya se podía vestir al difunto.

Una vez realizados todos estos pasos anteriores, el cuerpo se envolvía en vendas de lino impregnadas a veces en resina, mediante un ritual muy estricto. Mientras se realizaba este proceso un sacerdote que portaba una máscara del dios Anubis recitaba las fórmulas de encantamiento correspondientes.
"Te ponemos el perfume del Este, para hacer perfecto tu olor y poder seguir el olfato de Dios“
"Te traemos los líquidos que vienen de Ra, para hacer perfecto tu olor en la Sala del Juicio Final”
Se empezaba vendando los dedos uno por uno, las extremidades y por último el resto del cuerpo. Los brazos podían ponerse estirados a lo largo del cuerpo, o se cruzaban en el pecho en posición osiriaca. Se terminaba con la cabeza. Entre los vendajes se introducían amuletos y tiras de lino que recogían textos del Libro de los Muertos. Sobre el pecho se colocaban un escarabeo alado y las imágenes de los cuatro hijos de Horus, los dioses protectores de los órganos internos. La cabeza de la momia se cubría con una máscara pintada, y en el caso de momias reales, la máscara funeraria podía ser de oro, como la encontrada en la momia de Tutankamon. Finalmente, la momia se introducía en uno o varios sarcófagos de madera o de piedra que se encaban unos con otros y se entregaba a la familia para comenzar con los ritos funerarios.

“Los sacerdotes vigilaban la Casa de la Muerte, pero a pesar de ello los embalsamadores robaban todo lo que podían considerándose con derecho a ello. Robaban las plantas medicinales, los ungüentos preciosos y las bandeletas de tela para revenderlos y volver a robarlos, y los sacerdotes no podían impedirlo porque aquellos hombres conocían bien su oficio y no era fácil reclutar hombres para la Casa de la Muerte. Sólo la gente maldecida por los dioses, para escapar a la justicia y se les reconocía de lejos por su olor salobre y a cadáver, de manera que todo el mundo los evitaba y no eran admitidos ni en las tabernas ni en las casas de placer”. (Fragmento de la novela “Sihuhé el Egipcio”, de Mika Waltari)
“La Villa de los Muertos estaba tan vigilada por la noche que no conseguí encontrar una sola tumba donde esconder los cuerpos de mis padres para que viviesen para siempre en ella y se beneficiasen de las ofrendas hechas a los ricos y nobles. Tuve que llevármelos al desierto y el sol me abrasaba la espalda y me agotaba, tanto que me creí a punto de morir. Pero con mi fardo al hombro tomé los peligrosos senderos a lo largo de las colinas por las cuales sólo los ladrones de tumbas se atreven a aventurarse y entré en el valle prohibido donde estaban enterrados los faraones. Los chacales aullaban, las serpientes venenosas del desierto silbaban a mi vista y los escorpiones caminaban sobre las rocas ardientes, pero yo no tenía miedo, porque mi corazón estaba endurecido contra todo riesgo y, pese a que fuese joven, hubiera saludado a la muerte con júbilo si ella hubiese querido algo de mí. No sabía que la muerte se aparta de los que la llaman. Por esto las serpientes venenosas se apartaban de mí y los escorpiones no intentaban atacarme, y el sol no conseguía consumirme abrasado. Los guardianes de la villa prohibida fueron ciegos y sordos, no me vieron ni oyeron los guijarros resbalar bajo mis pies. Porque si me hubiesen visto me hubieran dado muerte en el acto, abandonando mi cuerpo a los chacales. Pero yo llegaba de noche y acaso temiesen al valle que guardaban, porque los sacerdotes habían hechizado y encantado todas las tumbas reales con su potente magia. Al oír las piedras resbalar por los flancos de las montañas y verme pasar en medio de la noche cargado con una piel de buey en la espalda, volvían probablemente la cabeza y se tapaban la cara, pensando que los difuntos erraban por el valle. Yo no los evitaba ni hubiera podio evitarlos, puesto que ignoraba la situación de sus puestos y no me ocultaba de ellos. El Valle de los Reyes se abría ante mí, tranquilo como la muerte y con toda su desolación, más majestuosa a mis ojos de lo que pudieron ser los faraones sobre su trono durante su vida”.
(Fragmento de la novela “Sihuhé el Egipcio”, de Mika Waltari)
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Bueno, pues lo que hemos tardado un montón en contar acerca del Valle de los Reyes lo vimos en apenas un par de horas, prácticamente olerlo y ya está. Pero así es Egipto: inabarcable.
Ahora toca cerrar el paraguas y...
 ..hacer un pequeño trecho en autobús en busca de nuevos misterios egipcios comprimidos en una sola mañana…

¡Nos vemos en el Templo de Hatshepsut!…en el próximo capítulo.
Referencias bibliográficas:
• Información general sobre el Valle de los Reyes: http://www.terra.es/personal/miguellb/vallereyes/kvindice.htm