miércoles, 6 de abril de 2011

Capítulo 6 del viaje a Egipto - El Templo de Lúxor: Al corazón del Templo

Nos quedamos en nuestra última entrega a punto de entrar en la parte noble del Templo de Lúxor. Íbamos por el Santuario Romano:

A continuación encontraremos la Sala de las Ofrendas, decorada con imágenes religiosas en honor de Amón y Min. Consta de un santuario realizado por Amenhotep III. En esta estancia Alejandro Magno, que aparece representado ante Amón, construyó un depósito de barcas…
Para insertar esta Capilla de la Barca Sagrada, se tuvieron que destruir algunas columnas centrales de la Sala de las Ofrendas.
Aquí vemos la capilla para las barcas dentro de la Sala de las Ofrendas.
Como la Capilla queda en el centro de la Sala, se enfrentan pared contra pared de distintos periodos. En unas de ellas, Amenhotep III ("El Grande") realiza las ofrendas...
Amenhotep III y sus ofrendas
…Mientras que en la pared opuesta, la de la sala de Alejandro, éste aparece ante Amón: 
y ante el dios Min:
Como vimos en Karnak, a veces, Amón recogía los atributos de Min, dios de la fertilidad para representar la fuerza generadora de la naturaleza en la mitología egipcia. Y Alejandro, como buen griego, no fue menos que los reyes anteriores para presentarle sus respetos.

 
Detalle de la curiosa barriga del Alejandro, con ombligo incluido.
Detalle de la columna.
Detalle de los jeroglíficos.
Cerca de la Sala de las Ofrendas, en la llamada Cámara del Nacimiento, existe un relieve difícil de observar debido a la escasez de luz existente y a lo difuminado del dibujo en la piedra. En él se debía apreciar algo así como el dibujo de aquí abajo:
La escena representa la que podría denominarse como la “Inmaculada Concepción” de Amenhotep III. O dicho usando la terminología correcta, la Teogonía de Amenhotep III. Este relieve es una de las infinitas “coincidencias” entre la religión del Antiguo Egipto y otras religiones posteriores como el Cristianismo. El escritor Javier Sierra explica con detalle en uno de sus libros la trascendencia de este relieve:
El enigma de la sangre azul

“Esta vez encontré mi objetivo casi por azar. Estaba tan cerca del sanctasanctórum del Templo de Luxor, en el Alto Egipto, que de no haberme dejado llevar por la intuición, aquel relieve me habría pasado desapercibido. Y hubiera sido una pena. A sólo unos pasos del pasillo principal del complejo tebano, en una sala que los egiptólogos llaman mammisi –o del nacimiento-, sobre su pared oeste y un poco por encima de la altura de mis ojos, un anónimo artista cinceló hace tres mil cuatrocientos años una escena fuera de lo común. No está coloreada. Sus perfiles apenas penetran en la piedra caliza, y sin una luz adecuada resulta muy difícil verla. De hecho, todavía hoy pasa inadvertido a los cientos de turistas que visitan el lugar a diario. Sin embargo, no es la estética lo que confiere un valor inestimable a esa pared".
 Foto obtenida en internet en la que se aprecian las figuras de los personajes referidos.
"Erosionadas por el tiempo, las bellas imágenes de tres dioses y una reina ocupan el centro de la escena. Su disposición es extraña, casi sin par: en la parte superior del relieve Amón, sentado sobre un banco, toma las manos de la reina Mutemiua, madre del faraón Amenhotep III. Bajo la pareja, las diosas Selkit y Neith, inconfundibles gracias al escorpión y las flechas cruzadas que adornan sus tocados, parecen sostener ese encuentro entre sus delicados brazos. Lo cierto es que de no ser por los textos jeroglíficos que flanquean la escena, no sabríamos qué trató de representar allí su escultor. La columna de la derecha es la más reveladora. Recoge ciertas  palabras pronunciadas por el dios Amón» en lo que parece ser un encuentro íntimo con la reina de Egipto. Él la encontró descansando en las  profundidades de palacio. Ella se despertó por el perfume del dios. Él le sonrió mientras iba hacia ella. La poseyó y le hizo ver su forma divina". 
Y ésta es la foto que hicimos nosotros, en la que el dibujo apenas se aprecia levemente. 
Se supone que en otros grabados de la sala aparece el embarazo y el nacimiento de Amenhotep III.
"Aquel relato me resultó familiar. ¡Y a quién no! El dios egipcio insemina a la reina empleando el poder de su Verbo -exactamente igual a como Yahvé dio forma a todas las cosas creadas en la mitología hebrea-, y le anuncia allí mismo cuál será el nombre del hijo que nacerá de su relación. …De hecho, algo parecido se repetirá casi quince siglos más tarde en una remota aldea palestina, cuando un enviado de Dios anunció a una joven virgen que tendría un hijo llamado a cambiar la Historia. ¿Eran aquellos paralelismos algo casual? El resto de paredes de la sala en la que me encontraba, con sus relieves tan o más desgastados que éste, recogían otros pasos de aquel peculiar proceso de creación. El dios Khnum, con cabeza de carnero, moldeaba a dos niños en una esquina. Uno era el futuro Amenhotep, fruto del encuentro entre Amón y Mutemuia, y el otro su ka, doble espiritual o alma, que atendía con la mirada el gesto protector de Isis. En una tercera escena, Khnum rinde cuentas a Amón de su obra, e incluso pude admirar a Toth e Isis asistiendo a la reina en el parto".
Amenhotep III y la reina Tiyi, los padres del revolucionario Akenatón. 
Aquí, las monumentales estatuas (Museo Arqueológico de El Cairo).
"El final del proceso llega cuando el niño faraón bebe al fin de los pechos de diferentes diosas y es presentado por Horus y Hekau -el protector de la magia en el antiguo Egipto, - ante su padre, Amón. Los expertos llaman a esta clase de relatos teogonías. Así definen a las uniones carnales entre dioses y hombres que dan como resultado el nacimiento de «híbridos» destinados a grandes empresas. Casi todos los textos sagrados del mundo recogen esa clase de episodios. En China, por ejemplo, se creía que los emperadores nacían de esos encuentros; por eso recibían el nombre de Tien-tse o «Hijos del Cielo». pero en nuestro Génesis también se da cuenta de una de esas teogonías cuando explica cómo el mestizaje «de los hijos de Dios con las hijas de los hombres» dio paso a una raza de titanes. ¿Dónde surgió semejante idea? ¿Y qué hecho -si es que hubo un episodio concreto detrás del nacimiento de estos mitos- originó las teogonías del mundo antiguo? El descubrimiento del relieve de Lúxor me dio mucho que pensar. Decidí incluirlo como pieza clave de mi novela El secreto egipcio de Napoleón al darme cuenta de que en aquella precisa pared podría estar el origen de un término tan enigmático como común en nuestro vocabulario: el de la «sangre azul». Esto es, el de la ancestral creencia de que por las venas de ciertos gobernantes corre una sangre diferente a la del resto de los mortales”.
Fragmento del libro “La Ruta Prohibida y otros Enigmas de la Historia”, de Javier Sierra 
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“Cuando (Amón-Ra) se transformó él mismo en la majestad de este marido, el Rey del Alto y el Bajo Egipto Menjeperura (Thutmose IV), que otorga vida, la encontró (a Mutemuia una esposa principal de Thutmose IV) descansando en su bello palacio. Ella se despertó al percibir el aroma del dios y gritó en presencia de su majestad. En seguida se dirigió hacia ella e hizo que lo contemplase bajo la forma de un dios. Ella se regocijó a la vista de su belleza y el amor (de Amón-Ra) invadió sus miembros, y el palacio se inundó del aroma del dios, todas las fragancias eran de Punt (…)
Palabras pronunciadas por Amón-Ra, señor de los tronos de las Dos Tierras, en presencia de ella: Amenhotep Heqauaset (Amón está satisfecho, Gobernante de Tebas) es el nombre de este niño que he colocado en tu cuerpo. Él ejercerá la benefactora realeza en toda esta tierra, gobernará las Dos Tierras para siempre, como Ra.”

Más allá de la Sala de las Ofrendas sólo quedaba una sala que hacía las veces de vestíbulo a la última habitación, el Santuario de Amenhotep III y decorado con escenas del faraón introducido por Horus y Atum en presencia de Amón. En el zócalo aparece una inscripción de Amenhotep III sobre la construcción del templo. La foto de abajo, en la que aparecen Horus y el faraón, bien podría pertenecer a esta última estancia.

El Sancta Sanctorum del templo, hoy prácticamente unas habitaciones más del mismo, debió ser en su momento el lugar prohibido y de más difícil acceso, la morada misma del Dios. La parte última y principal del templo. Todo lo demás era accesorio o adorno.  
Y una vez llegado hasta aquí tenemos unos minutos para deshacer nuestros pasos y dar un pequeño paseo de vuelta al punto de salida del bus, mientras nos recreamos de nuevo en lo recientemente visto. Completamos nuestro relato del templo de Lúxor con algunos aspectos interesantes que se han quedado en el tintero...
Se desconoce lo que podía acaecer en el interior del templo durante esos 11 a 24 días que duraba el Opet, la fiesta de la que hemos hablado en recientes capítulos. Algunos autores se decantan por la posibilidad de que el faraón y la gran esposa real, desempeñando como una especie de drama interpretado los papeles del dios Amón y de la esposa divina, realizasen actos de unión carnal en el interior del templo con finalidad mágica, revitalizadora de todas las fuerzas que confluían en la esencia del mundo y hacían invocaciones para que la sangre fuese poderosa y para que la tierra fuese fértil.
El templo de Lúxor después del Antiguo Egipto
El templo, situado en el centro de la ciudad, desde antiguo formó parte integrante de la misma, tanto que las casas se adosaron a sus muros y se acomodaron en sus patios. No sólo los nativos sino los europeos que, atraídos por la fascinante cultura egipcia, se instalaban en el lugar, cometieron la torpeza de edificar en el recinto sagrado, por ejemplo la “Maison de France” estaba sobre el tejado de la sala hipóstila anterior al santuario de Amón. 
Un personaje un tanto legendario, Mustafa Agha, anticuario de la región y cónsul de Inglaterra, Bélgica y Rusia decidió vivir en la gran columnata de Tutankamón. Hasta algún hotel de turistas aprovechó las ruinas del hermoso templo. En 1879 un gobernador de Qena vendió parte del templo a un europeo que pretendía destruir algunas columnas del patio solar de Amenhotep III y aprovecharlas para construir un nuevo hotel. Esto despertó la ira de Auguste Mariette, fundador del Servicio de Antigüedades de Egipto, quien anuló semejante contrato. Su sucesor Gaston Maspero convenció al gobierno egipcio de la necesidad de expropiar las casas construidas dentro del templo. En 1881 se recurrió a una suscripción popular anunciada en el periódico Times, haciéndose también eco el Journal des Débats. 
Pero, como es de suponer, no todo fueron mieles y en 1884 cuando se iban a comenzar las obras de demolición, muchas familias seguían apegadas a sus viviendas a pesar de haber cobrado la indemnización. Se iniciaron las obras en 1885, pero siguieron encontrando una fuerte oposición por parte de los nativos y del gobierno local. Por fin se llegó a un acuerdo con los responsables de la mezquita Abu el-Haggag que permitió desalojar la zona Norte del pilono a cambio de la promesa de no tocar la mezquita. 
Las obras de limpieza y restauración continúan en nuestros días. Las casas demolidas contenían bloques de piedra del templo que se están limpiando, reparando y, siempre que es posible colocando en su lugar. Cuando paseamos por Lúxor, tanto de día como de noche con su magnífica iluminación, no nos damos cuenta de cuantos hombres trabajaron en su construcción y cuantos sudores costó su rehabilitación.  Solo nos queda agradecerles su esfuerzo que ha hecho posible que podamos admirar tanta belleza.

Finalizamos con un paseíto por la avenida de las esfinges...
...que parecen reclinarse a nuestro paso.
Ya habíamos conocido otras esfinges, como las del Museo Arqueológico de Madrid o las de la Granja de San Ildefonso en Segovia, pero como las de la Tierra Madre...
Y eso que faltaba aún por ver la esfinge por excelencia. Pero ese será otro tema...
Un pequeño descansito para tomarnos algo. El ritmo trepidante de la jornada y el calor hacen ya algo de mella en nosotros, jeje. 
El calor no era en realidad agobiante, pues estamos acostumbrados a temperaturas mayores del verano en casa (sobre todo en Sevilla). Pero veníamos de la fresca primavera de nuestro país y llevábamos menos de 24 horas en el verano puro y seco egipcio.
En esta terracita encontramos un cartel donde viene resumida la filosofía indispensable para cualquiera que visite Lúxor y Egipto entero, jeje. Abajo, la traducción…
“No te preocupes, no tengas prisa. Estás en Lúxor. Ahora estás en la única zona donde no se regatea, por lo que siéntete como en casa. Dí no a las drogas, a no ser que sean de buena calidad. Dí “La Shokrun”, que significa: “no gracias”, a cualquiera que te aborde por la calle”…
Subimos ya al autobús:
El último vistazo: parte de los muros del monumento se derrumbaron o fueron reutilizados en épocas posteriores - lo que nos permite despedirnos de las columnas del templo tras la ventana del autobús. 
Desde fuera no parecía que el Templo diera para tanto.
¡Hasta el próximo capítulo!