sábado, 4 de junio de 2011

Capítulo 9 del Viaje a Egipto - El Amor: Horus y Hathor

Realizamos la primera parada tras dejar atrás Lúxor:
Después de una mañana completa de navegación río arriba, el barco hace escala en la ciudad de Edfú, en la que destaca el Templo de Horus, construido por la familia de los Ptolomeos.
Nada más bajar las escalerillas del barco sufrimos la avalancha de los vendedores como en ningún otro sitio hasta el momento. 
A mi "Pintora favorita" hasta le llegaron a colocar un pañuelo en el cuello para ver si picaba (a la vuelta se lo volvieron a pedir al ver que ella no accedía a comprárselo)…
ALGUNOS APUNTES HISTÓRICOS DE EDFU
El primer nombre de Edfu fue Uetyeset-Heru (“El lugar donde Horus es alabado”. 
Algunas instantáneas de Edfú durante nuestro camino.
Después se llamó Dyeba (“Ciudad de la retribución” ), cuyo nombre en copto era Etbó, palabra de la que se origina el actual nombre de la Ciudad. Fue el lugar donde la tradición sitúa la batalla entre los dioses Horus y Seth (que más adelante veremos con detalle)
Y cuenta la leyenda que Imhotep, el diseñador de la pirámide escalonada que veríamos el sábado siguiente en Saqqara, fue el primero en construir un templo en Edfu dedicado a Horus. 
En el Imperio Nuevo, algunos faraones, como Ramsés II y Shabako, construyeron la ciudad. En tiempos grecorromanos, la ciudad se llamó Apolinópolis Magna, ya que Horus era identificado con Apolo.
Es tradicional llegar a las inmediaciones del templo desde el puerto en calesa. En nuestro caso, hicimos el camino en autobús. Menos típico pero más tranquilo.
Ya llegamos.
Este es el ticket para entrar al recinto, que ya iba incluido en el precio del viaje contratado, por lo que fue el guía el que se encargó de comprarlos y repartirlos al grupo.
El templo de Edfu, dedicado al dios halcón Horus, fue comenzado el año 237 a. C. por Ptolomeo III Evérgetes I. En el año 212 a.C. se habían concluido las obras de la parte interior por Ptolomeo IV Filopátor, y se decoró en el 142 a.C. por Ptolomeo VIII Evérgetes II quien también terminó la primera sala hipóstila. Las obras en su totalidad no concluyeron hasta el 57 a.C con la colocación de las puertas. 
Nuestro esquema de los faraones de Egipto.
En color rosa, el periodo grecorromano, durante el que fue construido el templo de Horus.
Junto con Abu Simbel, el templo de Edfu es el mejor conservado de todo el Egipto antiguo, y junto con el de Karnak, el más importante. En realidad el templo original construido por Tutmosis III, de la dinastía XVIII, estaba en ruinas cuando la dinastía griega de los ptolomeos -sucesores de Alejandro Magno en Egipto- empezaron a reconstruir los templos de Egipto como un modo de acercamiento al pueblo de Egipto y a sus sacerdotes poderosos. Dicho acercamiento llegó a tal extremo que se impregnaron tanto de la religión egipcia que algunos preferían la momificación y el entierro mediante el rito egipcio. En las paredes del templo vemos a los faraones ptolomeos representados adorando a las divinidades egipcios. En realidad el templo nunca fue  del todo terminado y durante la ocupación romana algunos gobernadores romanos de Egipto se representaron en los cartuchos reales como faraones de Egipto. 
Plano del templo, con la entrada a la derecha del dibujo.
El templo mide 137 metros de longitud por 79 de ancho y 36 de altura. 
Representa la típica construcción de los templos con el pilono, el patio, 2 salas hipóstilas, una cámara de ofrendas, la sala central y el santuario. 
Ya que estamos con el plano del templo, una tontería. Alguien dice por internet que dicho plano pudo servir de base para diseñar el microprocesador Pentium de Intel. Desde luego hay gente aburrida por ahí para llegar a hacer estas comparaciones (o informáticos muy piraos por el mundo Egipcio).
A pesar de que estaba cubierto de arena y escombros de los asentamientos humanos, el templo de Edfú fue visitado por muchos de los primeros viajeros. La arena ha contribuido a preservar el edificio que apareció casi completamente intacto cuando fue limpiado y excavado por Auguste Mariette en el decenio de 1860. El estado de conservación del templo es su principal característica y lo convierte en visita imprescindible en Egipto.
Con la vista puesta ya en el gran Pílono, pasa desapercibida la construcción externa, prácticamente en ruinas, que se corresponde con el Mammisi o Casa de Nacimiento Divino.
Mammisi en idioma copto significa lugar de nacimiento, un término arquitectónico ideado por Champollion en el siglo XIX para denominar a las Casas de Nacimiento Divino (Per-Mes en antiguo egipcio): edificios singulares vinculados a los templos egipcios. Los ejemplos más célebres se pueden aún visitar y se datan, la mayoría, en las épocas ptolemaica y romana. 
Este pequeño templo está construido sobre un eje este-oeste. Por tanto es casi ortogonal respecto al templo de Horus, el cual se encuentra orientado de Norte-Sur (situación inusual a lo acostubrado en el resto de templo egipcios, quizás debido a motivos de las características del terreno). En el Interior del Mammisi hay relieves que representan el nacimiento divino de Horus.
Los Reyes Magos de Oriente eran...¡egipcios!
En el mammisi del templo de Edfu se reconstruyen los diferentes momentos del nacimiento del dios Horus como si se tratara de un cómic moderno. Lo más asombroso es que en una de las paredes podemos ver a los mismísimos “Reyes Magos”, que en este caso son cuatro. Cada uno de ellos provenía de uno de los cuatro puntos cardinales, es decir, de las tierras más lejanas de Egipto en todas sus direcciones. Su misión era, al igual que sucede con los Reyes Magos de las Sagradas Escrituras, adorar y traer cada uno un presente al recién nacido. Sorprendentemente, estos regalos eran oro, incienso, mirra y un libro de magia. Pero las similitudes no quedan ahí. En relación a esta leyenda sobre el nacimiento de la divinidad en época faraónica, una de las maneras que tenían los antiguos egipcios de celebrar esta tradición era regalando huevos. Hoy los llamaríamos huevos de Pascua, la Pascua del nacimiento de Jesús. Los egipcios identificaban la yema del huevo con el Sol y la vida que salía del interior de la cáscara. Al regalar estos productos se conseguía que la vida siguiera su curso natural; es decir, era una manera un tanto especulativa de adorar las mismas metas que perseguía el dios Osiris, la vida y la resurrección.
Bes, en lo alto de la columna. 
Nuestro guía hizo caso omiso de este pequeño templo y nuestros pasos se dirigieron directamente al Pílono del gran templo. Pero en esta foto general a la llegada podemos observar la existencia de un curioso personaje adornando la parte superior de las columnas del Mammisi. Se trata de Bes, un genio enano, barbudo y con melena que enseña la lengua. Representa al matrimonio, al amor sexual y los placeres libertinos, pero también se encuentra en multitud de amuletos mágicos y en lugares en los que las mujeres y los niños necesitaban de su cuidado. Bes alejaba los genios malignos que podían atacarlos durante el sueño, por esta razón aparece en multitud de amuletos en forma de reposa-cabezas. Además, su aspecto amenazador protegía de las picaduras venenosas de los reptiles e insectos; para todas estas funciones utilizaba instrumentos musicales tales como el arpa y el tambor. 
Una de las representaciones del simpático diosillo Bes, en Dendera.
El pilono:  Las 2 torres del pilono se dividen en 4 pisos con cámaras, unidas por una escalera de 145 peldaños. Están decoradas con imágenes de Ptolomeo XII Neo Dioniso sacrificando prisioneros ante Horus y Hathor, precedidas de 2 halcones realizados en granito negro. 
Vista general del pílono.
Horus, el principal protagonista de este templo.
Este Ptolomeo, además de sus continuas visitas al baño, también se dedicaba a guerrear.
Detalle del dintel del pílono
Horus es un dios muy antiguo, ya conocido en la época predinástica. Era un dios vinculado a la realeza que tutelaba a los monarcas tinitas, cuyo centro de culto era Hieracómpolis. Desde el Imperio Antiguo, el faraón es la manifestación de Horus en la tierra, aunque al morir se convertirá en Osiris, y formará parte del dios creador Ra. 
Durante el Imperio Nuevo se le asoció al dios Ra, como Ra-Horajty. Forma parte troncal de la Gran Enéada y forma parte de la tridiada Osiríaca: Osiris, Isis, Horus.
Entramos ya al Patio, que es muy espacioso y se encuentra circundado por columnas en tres de sus lados (peristilo), formando los pórticos cuyas paredes están cubiertas de imágenes. Entre las diversas escenas destacan las de las fiestas de la unión entre Horus y su compañera: la diosa Hathor de Dendera.
Cuenta la leyenda que, todos los años, la divina Hathor se rencontraba con su amado esposo Horus para un enlace místico. 
El ritual de esta fiesta, una de las más populares del gran valle, se pueden ver en los relieves de los muros de Edfú y Dendera. Se trata de una fiesta agraria, que con el retorno de la diosa se probaba la gran fertilidad de sus tierras. 
Cinco días antes del encuentro de Hathor con su esposo, ésta era sacada del templo de Dendera subida en su embarcación de gala y trasladada por todo el Nilo hasta Edfú, donde le esperaba Horus.
Tras lo sacrificios rituales y la música.. la pareja divina se trasladaba al santuario para pasar su primera noche en el secreto del Mammisi del templo. Le sucedían trece días de fiestas en la que ambos dioses eran venerados por sus gentes.
Detalle de las columnas.
Los cartuchos y jeroglíficos no dejan un espacio de muro vacío.
Los dioses derraman sobre el Faraón, el agua del Nilo, que simboliza a la vida y que está representada en forma de múltiples pequeñas cruces egipcias Ank.
En el primer patio podemos observar en las paredes algunos cartuchos reales vacíos. Eso es debido a que el período de construcción del templo era de agitación política, y los usurpadores del poder mandaban tachar los nombres de sus antecesores y poner el suyo. Por eso los artesanos prefirieron dejar los cartuchos vacíos hasta terminar el templo.
Una vista del patio y de la fachada de la Primera Sala Hipóstila o Pronaos nos da una idea de la grandiosidad del monumento
Delante de la primera Sala Hipóstila, el dios Horus continúa montando guardia, tocado en este caso con la doble corona del faraón
Perfil para la posteridad.
Detalle del eje del Templo, desde la Sala Hipóstila, con la Naos al fondo.
El negro hollín procedente de las hogueras de gentes que, tal vez durante cientos de años, han usado la parte excavada como refugio.
La Primera Sala Hipóstila se compone de doce columnas sobre dos filas. Presenta una estancia a cada lado: la de la derecha estaba destinada a la purificación de los sacerdotes y la de la izquierda incluía una biblioteca.
Tras la pronaos, se accede a la Segunda Sala Hipóstila.  Es la parte más antigua del templo. Compuesta también de 12 grandes columnas decoradas con formas vegetales en su parte inferior, y dispuestas en este caso por 4 grupos de 3 columnas paralelos y simétricos respecto a la entrada.
Incluye 4 pequeñas salas destinadas a las ofrendas secas, las ofrendas líquidas, y al laboratorio. Esta última contiene escenas sobre la preparación de productos a emplear en las ceremonias.
Es característica la iluminación del templo, con habitaciones cada vez más pequeñas que impedían el paso de la luz gradualmente hasta llegar al oscuro santuario, que recibe la iluminación sólo desde el eje. Entre las columnas y en el techo existen pequeñas aberturas que permitían el paso de la luz a determinadas habitaciones. 
En uno de los pasillos, nuestro guía le pidió a mi "Pintora favorita" por un momento el pañuelo blanco que curiosamente ella poseía de forma temporal. Con él, el guía pudo demostrar cómo la luz que entraba por los pequeñas huecos del techo, al reflejar en los elementos blancos como podía ser la ropa, iluminaba la estancia. A fin de cuentas, el pañuelo "prestado" por los vendedores del puerto tuvo su misión…
Tras la sala hipóstila se encuentra la Cámara de las Ofrendas comunicada con las terrazas a través de una escalera.
El corazón de la Sala Central es el Santuario con el naos, monolito de granito gris de unos 4 metros de altura, en el que se encontraba la imagen de Horus y el pedestal en el que posiblemente se ubicase la barca como la que actualmente ocupa el lugar (reproducción, la original se encuentra en un museo europeo). El naos podría pertenecer a un templo más antiguo. 
En torno al Santuario, un corredor da acceso a diez Salas o Cámaras Rituales, cada una con un nombre, como por ejemplo “La Cámara de los Paños”, “La Tumba” o “La Cuna” cada una con un destino determinado.
Escondida en la pared interior del pórtico de una de las salas rituales aparece esta curiosa e infrecuente imagen amorosa. El faraón, que asume el papel de Horus, se encuentra abrazado por su esposa, la cual porta los atributos de la diosa Hathor.

Un esquemita coloreado para situarnos en las estancias por las que hemos pasado.
El físico inglés Thomas Young fue quien descifró por primera vez los jeroglíficos de los nombres Ptolomeo y Cleopatra en la piedra de Rosetta.
Pero Champollion hizo un enorme progreso cuando descubrió que algunos símbolos representaban ideas, mientras que otros, simples sonidos. 

El Nilómetro:
El guía no lo mencionó durante la visita, pero nosotros (aunque no lo tuviéramos localizado en el mapa) sabíamos de su existencia. Habíamos investigado el plano del templo antes del viaje y nos llamó la atención la existencia en este templo de un nilómetro. Se trata de uno de esos sitios especiales que hay que encontrar cuando buscamos un monumento, como si de la caza de un tesoro se tratara, con más ilusión por encontrarlo que por lo que es en realidad. Así que, cuando el guía nos dejó unos minutos libres para pasear por el recinto se nos ocurrió buscarlo.

A pesar de que el templo ptolemáico de Horus no es demasiado grande, su laberinto de estancias y pasillos exteriores podía conseguir que no lo localizarlo, dado el poco tiempo que nos restaban para dirigirnos de vuelta al autobús. Sin embargo, no nos dio tiempo siquiera a preguntar cuando el "habbibi" de turno, que hacía las veces de vigilante del lugar (uno de esos que parecen los extras o parte del decorado de una película), leyó nuestros pensamientos y nos hizo señales para que le acompañáramos. ¿A dónde nos llevará? ¡Que no nos da tiempo de encontrar el nilómetro...! Y en unos instantes estábamos ante una sencilla escalera que bajaba hasta un charco de agua estancada. Ni más ni menos que unos simples escalones que, si se desconoce su función, pasan perfectamente desapercibidos. 
El egipcio, listo como el hambre, parece que nos leyó el pensamiento. Y por la inevitable propina, nos había llevado hasta él.
Los nilómetros eran unos indicadores muy similares a los pozos, que se utilizaban para medir las aguas y predecir la crecida anual del Nilo. Se cree, que ya, desde tiempos remotos, estuvieron repartidos por varios puntos a lo largo del recorrido del "Río de la Vida". Muchos templos construídos durante la época Tardía, aunque estuvieran próximos a los otros más antíguos, tenían su propio nilómetro, de los que se conservan algunos. En la isla de Filae hay dos que se encuentra a pocos metros de distancia: el primero desciende por el lado de un promontorio desde la columnata cercana al templo de Nectanebo I, y el segundo se encuentra más al norte, cerca del mammisi ptolemaico. Los primeros y más importantes se construyeron en Asuán y en Menfis y los últimos cerca de la segunda y cuarta catarata en Nubia. Su tamaño y su estilo podía ser diferente ya que mientras algunos consistían sólo en unos pocos escalones situados al borde del agua, el nilómetro de Asuán tenía noventa peldaños que se adentraban en el agua. Por otra parte, podían ser abiertos o bien podían tener unos escalones flanqueados por muros, en ocasiones cubiertos por un techo. Lógicamente, no es lo que era sino lo que había sido. Tras la construcción de la gigantesca presa de Asuán, el Nilo ya no tiene crecidas. Pero hasta la mitad del siglo XX, de las crecidas del río dependía la vida del país de los faraones. Según la altura de la escalera a la que llegara el agua, los sacerdotes podrían realizar una estimación de cómo serían las cosechas de esa estación, y de esta forma calcular los impuestos que podrían arrebatar a los agricultores. De hecho, las propias estancias del templo actuaban como sagrados graneros donde se acumulaban las ofrendas. Como desde los tiempos inmemoriales, quien tiene la información tiene el poder, y para eso los chamanes de todos los pueblos siempre han sido los primerosRefiriéndose al de Elefantina, al que el historiador romano Plinio el Viejo decía:
"Cuando el ascenso alcanzaba doce codos, hay hambre; en trece hay escasez; catorce trae alegría; quince seguridad y dieciséis abundancia, gozo o placer"

Posteriormente, en nuestro viaje veríamos otro nilómetro más llamativo, en este caso en forma circular, en el Templo de Sobek de Kom Ombo. 

Nilómetro del templo de Sobek
Y aquí haremos un descansito. Seguiremos contando nuestro paseo por la casa del halcón Horus en el próximo capítulo. Hasta ahora hemos visto la parte amorosa de Horus con Hathor (extraña pareja la de un halcón y una vaca). Después veremos la cara vengativa y guerrera del pajarito: su lucha contra Seth. Seguidnos, si es que aún no os he aburrido con tanto templo egipcio.

Bibliografía: