miércoles, 13 de julio de 2011

Capítulo 10 del Viaje a Egipto - Navegación hasta Kom Ombo

Ha llegado el momento de la relajación. Y para eso nada mejor que un tranquilo paseo por el Nilo, camino de Kom Ombo. El primer tramo navegado tenía la atracción de la exclusa, el baño en la piscinita del barco, el lanzamiento de chilaba, etc. Pero ahora es por la tarde y no hay nada mejor que hacer que descansar un poco en el camarote mientras vemos pasar delante de nuestros ojos, mientras los mantengamos abiertos, la silueta de la Tierra Negra. A continuación, algunas fotos salteadas de los paisajes (la cámara no descansa). Esta vez, para favorecer el ambiente de relax, no vamos a dar ningún dato. Solamente, con el simple objeto de separar las fotos, reproduzco un texto del libro Historia de los Egipcios, del polifacético Isaac Asimov (lo mismo escribía del futuro como del pasado). En él describe el río Nilo de una forma amena. Que descanséis...

"En el nordeste de África discurre un río muy poco corriente. Tiene una longitud de 4.157 millas —es el río más largo del mundo— y se llama Nilo, del nombre griego Neilos


Se ignora de dónde proviene el nombre griego, pues para el pueblo que vivía en sus orillas era simplemente «El Río».
En la porción más septentrional del Nilo surgió una de las dos civilizaciones más antiguas del mundo; y a lo largo de seis milenios una sociedad compleja pobló sus orillas con numerosas aldeas.
Durante la mayor parte de ese tiempo los orígenes del Nilo fueron un misterio. Sus aguas corrían hacia el norte desde el lejano sur, pero nadie, en el mundo Mediterráneo antiguo, pudo penetrar lo suficiente en las regiones meridionales como para alcanzar sus fuentes.
Para los antiguos, el problema de las «fuentes del Nilo» fue tan difícil de resolver como el problema de la otra cara de la Luna» lo ha sido para nosotros hasta que los satélites fueron capaces de fotografiarla.
Sólo en la segunda mitad del siglo XIX los viajeros europeos y americanos consiguieron conocer el Nilo desde sus fuentes hasta su desembocadura. En 1857 el inglés John Hanning Speke llegó hasta un gran lago que llamó Victoria, en honor de la soberana que entonces reinaba en Gran Bretaña. 
El lago se hallaba justo en el ecuador, y de él nacía el Nilo. Otros ríos afluían al lago desde los montes de Kenya, próximos al sector central de la costa este africana.
A medida que el Nilo corre en dirección norte, hacia el mar, atraviesa cierto número de regiones, en las que su cuenca va estrechándose y haciéndose cada vez más escarpada. Las aguas caen violentamente sobre las rocas y acaban formando cataratas. Los barcos no pueden navegar en tales aguas, y las cataratas sirven para dividir el río en sectores.
Las cataratas se enumeran a partir de la desembocadura del río hacia el interior: la Primera Catarata se encuentra a unas 600 millas de la costa. Hoy la catarata en cuestión está próxima, por el sur, a una ciudad llamada Asuán, pero en los tiempos antiguos en aquellos lugares había una ciudad llamada por los griegos Siene.
El tramo más septentrional del Nilo, entre la Primera Catarata y la desembocadura, es el escenario principal de los acontecimientos que se describirán en este libro. Fue en este tramo, que es navegable en toda su longitud incluso para las más sencillas embarcaciones, donde surgió esta civilización tan notable.
El Nilo discurre a lo largo del borde oriental del Sahara. El Sahara (que en árabe significa precisamente «desierto»), cubre la mayor parte del norte de África, y es tan extenso como Estados Unidos. 
En realidad, se trata del mayor desierto del mundo. En toda esta región tan amplia no llueve casi nunca. La única agua que puede encontrarse se halla a gran profundidad, salvo en el caso de unos cuantos oasis, en los que el nivel del agua alcanza la superficie.
Pero el Sahara no fue siempre una región desértica. Hace 20.000 años los glaciares cubrían la mayor parte de Europa y vientos fríos llevaban la humedad hasta el norte de África.
Lo que ahora es desierto era entonces una tierra placentera con ríos y lagos, bosques y praderas. Los hombres primitivos vagaban por ella, llevando consigo sus instrumentos de piedra sin pulimentar.
De forma gradual, sin embargo, los glaciares comenzaron a retirarse y el clima fue haciéndose cada vez más cálido y seco. 
Aparecieron las primeras sequías y la situación fue empeorando paulatinamente. Las plantas murieron, y los animales se retiraron a regiones que conservaban todavía suficiente humedad y en las que se podía vivir.
También los hombres se retiraron, unos hacia el sur, hacia los trópicos; otros, hacia la costa norte. Muchos fueron avanzando hacia las regiones próximas al Nilo, que en estos remotos tiempos era mucho más ancho, y corría perezosamente a través de extensas zonas cenagosas y pantanosas. 
Con todo, la cuenca del Nilo no era precisamente un lugar adecuado para la vida humana: sólo lo sería cuando las tierras perdiesen algo de su humedad.
Cuando esto ocurrió, el Nilo se convirtió en un don del cielo. Ya no importaba que el clima fuese más o menos seco, pues el Nilo podía proporcionar suficiente agua para la tierra y los hombres, haciendo que la vida a lo largo de sus orillas fuese no sólo posible, sino confortable.
A lo largo del invierno las nieves se acumulan en la cúspide de las montañas de África centro-oriental; en primavera sobrevienen las lluvias y la nieve se deshace. 
En enormes cantidades, las aguas bajan de los montes hacia los ríos y grandes lagos de la región. Estas aguas van al Nilo, y la corriente se va abriendo paso hacia el norte.
El Nilo se colma a causa de estas aguas, y se desborda, a partir del mes de julio, alcanzando su máxima altura hacia comienzos de septiembre. Y no vuelve a su nivel normal hasta octubre. 
En los meses en que el río permanece desbordado, las aguas cubren las tierras sedientas y depositan una capa de fresco cieno, que la corriente ha traído desde los montes del lejano sur. De este modo el terreno a lo largo de las orillas del río se renueva constantemente y se mantiene fértil.
Cuando los hombres penetraron por primera vez en la cuenca del Nilo, las inundaciones eran muy vastas y los extensos pantanos a ambos lados del río abundaban en hipopótamos, antílopes, grullas y todo tipo de animales que podían ser cazados por el hombre. 
 
Paulatinamente, el aumento de la sequedad fue limitando las tierras inundadas; en ciertos casos éstas quedaron reducidas a la proximidad de las orillas del río, y durante muchos milenios las porciones de tierra que van a beneficiarse por las crecidas serán, en la mayor parte de su recorrido, de una anchura no superior a las doce millas.
Además, los suelos fértiles cultivables se detienen bruscamente en los límites de las tierras inundadas, tan bruscamente que hoy en día hay numerosos lugares en los que una persona puede tener el pie izquierdo apoyado en el suelo fértil y el derecho en suelo desértico".

Y casi me quedo dormido soñando que era un gigante que ponía un pie en la tierra y el otro en la arena. Pero el paisaje le ganó la partida al sueño. Ya tendremos tiempo de descansar en casa cuando termine el viaje. Ahora viene la noche y la primera de las fiestas organizadas en el barco, que os contaré en el próximo capítulo.

Referencias bibliográficas:
  • Historia de los Egipcios. Isaac Asimov. Ediciones del Prado, Diciembre 1.993.