viernes, 25 de febrero de 2011

Capitulo 3 del Viaje a Egipto - Valle de los Reyes (6ª parte: Cosas Maravillosas)

Howard Carter, apoyado moral y económicamente por Lord Carnarvon, emprendió la búsqueda de la tumba de Tutankamón en el valle de los Reyes, búsqueda que duró varios años. Corría el otoño del año 1922, quedaban unas pocas semanas para que venciera la concesión, Carter y su equipo estaban desmoralizados y a punto de abandonar, cuando el hallazgo de un escalón en el último tramo de roca debajo de la tumba de Ramsés VI, devolvió la esperanza a la expedición. Era el 4 de noviembre de 1922.
Los largos años de espera parecieron disiparse de golpe cuando, al final de una escalinata anteriormente oculta por los escombros, el arqueólogo se encontró frente a los sellos intactos de la tumba de Tutankamón. Carter se contuvo a duras penas de romperlos y llegar hasta el interior. En lugar de eso, volvió a ocultar todo lo que con tanta dificultad había descubierto, hizo proteger la entrada por soldados armados y envió a Carnavon el siguiente telegrama: "Finalmente hecho maravilloso descubrimiento en el valle. Magnífica tumba con sellos intactos. Vuelta a cerrar esperando su llegada. Enhorabuena". El lord partió inmediatamente acompañado por su hija, y el 24 de noviembre se encontraba en el lugar, cuando se apartó la puerta.
Tras un largo corredor en el que se esparcían fragmentos de objetos, había una segunda puerta también sellada. En cualquier caso, los descubridores refrenaron su entusiasmo, puesto que los sellos, aunque intactos, habían sido colocados junto a los de Tutankamón en un periodo sin duda posterior a la sepultura del rey. A través de un pequeño orificio practicado en la puerta, Carter introdujo primeramente una vela para asegurarse de que no había gases nocivos en la tumba. Siempre con la vela ante sí, se introdujo en la cámara. Al responder a Cárnavon, que le preguntaba desde el corredor qué veía, el arqueólogo sólo logró balbucear, después de un larguísimo silencio: "Cosas maravillosas"
Mientras en el mundo se difundía la noticia del sensacional descubrimiento, los especialistas no cedieron a la curiosidad, y bloquearon una vez más la excavación a fin de organizar un equipo preparado para afrontar, del modo más adecuado, la parte más delicada del trabajo. 
El viernes 17 de febrero de 1923, ante representantes de la prensa, Carter retiró los ladrillos de cierre de la cámara sepulcral y, a la luz de la linterna eléctrica, se les presentó una visión increíble: en el interior, a menos de un metro de distancia de la puerta, resplandecía lo que parecía un sólido muro de oro. Se trataba de una gran capilla de madera enteramente revestida con láminas de oro, cuyos tesoros interiores nadie podía imaginar. Se apartó la cubierta y en un momento se vieron coronados todos aquellos años de trabajo: el sello de una segunda capilla, esta vez original e intacto, tal y como lo habían colocado los que acompañaron al rey en su último viaje terrenal. 
Todos los presentes entraron por turno en la angosta cámara y visitaron la estancia adyacente, que posterioremente sería denominada "del tesoro". Allí aparecieron una cantidad y una riqueza de objetos sin precedentes en la historia de la arqueología. Una gran caja de madera dorada con las cuatro divinidades tutelares en los lados yacía junto a una inimaginable cantidad de objetos, muchos de los cuales eran de uso cotidiano: un abanico de plumas, un carro muy historiado, las vasijas de alabastro que contenían las vísceras del faraón, etc.
Hasta 1925 no se rompieron los sellos de la segunda capilla dorada, en cuyo interior se encontraron, sucesivamente, otras dos. Éstas, como cajitas chinas, contenían un gran sarcófago de granito que encerraba a su vez tres sarcófagos, el último de los cuales era de oro. En el interior, protegida por una máscara funeraria de oro, se encontraba la momia, ricamente adornada pero en pésimas condiciones debido a la profusión de ungüentos y perfumes. Así comenzó para Carter una larga fase de estudio que no concluyó hasta su muerte, en 1939. Los hallazgos, hasta unos 3500 objetos, fueron sometidos a complejas tareas de inventario, fotografía y restauración, que hoy permiten admirar los tesoros del faraón en el Museo Nacional de El Cairo. Los veremos con detalle cuando repasemos más adelante nuestra visita al Museo.
 
Podemos decir que por un lado, la historia tuvo final feliz. Pero por otra parte no tanto, como veremos en el siguiente capítulo...
Referencias bibliográficas:
• Información general sobre el Valle de los Reyes: http://www.terra.es/personal/miguellb/vallereyes/kvindice.htm
• La Tumba de Tutankamón: 

Capitulo 3 del Viaje a Egipto - Valle de los Reyes (5ª parte: Tutankamón)

Momento culminante de la visita: Tutankamón. Hay muchos datos sobre el "chaval" por ahí, así que sólo unos detalles informativos imprescindibles. 
 
La entrada a la tumba de Tutankamón hay que comprarla aparte, no incluida en la visita. Son 100 "lerus" (L.E.= libra egipcia). Hay que comprarla al pasar por la taquilla antes de comenzar todas las visitas de las tumbas porque después puede ser difícil por falta de tiempo. 
Según algunas opiniones que leímos en internet, hay gente que no la visita porque en realidad no es grande ni se puede ver mucha decoración. Nosotros entramos por varias razones: por lo que representa en la historia de la egiptología, para ver la única tumba que aún guarda su momia, porque en la visita guiada no te dejan mucho margen para ir por tu cuenta y ese tiempo que te dejan para entrar en Tutankamón quizás no lo podríamos aprovechar en otra tumba, porque en viajes como estos muchas veces hay que ver algunas cosas que son “obligadas” y no todos los días se va a Egipto…A nosotros desde luego no nos decepcionó…
De la XVIII dinastía (?, h. 1372 - Tebas ?, 1354 a. C.). Tutankamón era yerno del faraón Akenatón, que murió sin dejar hijos varones; por ello le sucedieron sus yernos, Semenkera y Tutankamón; este último, hermano del anterior, accedió al Trono hacia el 1360 a. C. De hecho, hasta la muerte de su suegro, Tutankamón llevó el nombre de Tutankatón, en honor del dios solar Atón cuyo culto había impulsado Akenatón con carácter casi monoteísta. Pero otras teorías más modernas dicen que Tutankamón pudo ser hijo de Akenatón. En definitiva, según las fuentes consultadas, el árbol genealógico de esta saga es diferente, debido a la falta de datos fidedignos...
Tres años después de acceder al Trono, el nuevo faraón restableció el culto tradicional y, por consiguiente, el poderío de los sacerdotes de Amón, seriamente debilitado en el reinado anterior; al mismo tiempo, devolvió la capitalidad a Tebas, abandonando la capital creada por Akenatón en Amarna; y para simbolizar estos cambios, sustituyó su propio nombre por el de Tutankamón (que significa «la viva imagen de Amón). Su reinado no tuvo otro significado que este restablecimiento del orden tradicional del Egipto faraónico, bajo la influencia de los sacerdotes y generales conservadores. Tutankamón murió cuando sólo contaba 18 años y llevaba seis de reinado, probablemente en un motín palaciego. 
Kv62, numeración que recibió el "aposento final" del joven faraón, se encuentra cercana a la entrada de otras de  tumbas. De hecho, nos sorprendió un poco, pues sabiendo que Howard Carter se pasó bastante tiempo buscándola, pensábamos que iba a estar localizada en un lugar más apartado del "meollo" del Valle. 
Localización de la tuma de Tutankamón
Ficha técnica de la tumba Kv62: Tutankamón
Plano de la tumba. En este caso las estancias no se sitúan a lo largo del terreno sino adyacentes unas a otras, sin penetrar excesivamente en la tierra.
Recreación de la tumba con sus tesoros incluidos, tal y como debieron verlos Carter y su mecenas. Sobre los tesoros ya hablaremos cuando visitemos el Museo de Antigüedades de El Cairo, ya que ese es el lugar donde se encuentran.
 Fotos de la momia de Tutankamón bajadas de internet, en su urna de cristal, en la que está expuesta desde 2007 a la vista de todos (antes no se podía ver al estar dentro del sarcófago).
Aquí, el arqueólogo Hawas (apodado el "Indiana Jones egipcio") toqueteando el cuerpo del faraón sin guantes ni nada. Suponemos que los estudios microbiológicos de la momia ya estarían hechos...
El sarcófago en donde, hasta hace poco estaba la momia. Teniendo la protección que vemos a continuación, era poco probable que la momia saliera a darse un paseíto de vez en cuando por el Valle. Diseño apropiado para espíritus poco claustrofóbicos: 
Protección de la momia de Tutankamón:
Capillas doradas: 1, 2, 3 y 4;
Sarcófago de cuarcita: a;
Ataúdes antropomorfos: b, c, y d
Ea, para que quede claro...
...de que estuvimos allí.
Antes…y después. El tiempo no pasa en vano ni para el faraón, a pesar de los intentos por alcanzar la inmortalidad. En la primera foto se parece a Jorge Lorenzo (imaginarse que tiene un casco de motorista). En la segunda, más vale no sacar parecido razonable para que no se enfade nadie.
Quien quiera saber más sobre el Tutankamito y su tumba, ya sabe, que se vaya al ¡próximo capítulo!
Referencias bibliográficas:
• Información general sobre el Valle de los Reyes: http://www.terra.es/personal/miguellb/vallereyes/kvindice.htm
• La Tumba de Tutankamón: 

miércoles, 23 de febrero de 2011

Capitulo 3 del Viaje a Egipto - Valle de los Reyes (4ª parte: Ramsés IX)

Posiblemente, Ramsés IX fuera nieto de Ramsés III. El Papiro de Turín  nos muestra que tuvo un reinado de 18 años y 4 meses y que murió en su año 19º, mes I Peret, entre el día 17 y el 27. Su nombre de trono es Neferkara-Setepenra, "Hermoso es el espíritu de Ra, elegido de Ra".
Ramsés IX intentó devolver a Egipto cierta seguridad e influencia. Organizó viajes a Asia y Nubia para abrir de nuevo rutas comerciales, pero Egipto había perdido el control sobre las regiones de Asia, aunque todavía mantenía su presencia en Nubia. Trató de revitalizar el estado patrocinando la ampliación de los templos de Karnak y Heliópolis, pero su reinado padeció de inestabilidad política y social. 
Las malas cosechas trajeron una época de hambruna, donde las incursiones de libios del desierto occidental y los mercenarios extranjeros avivaban los desórdenes. El clero tebano de Amón manifestaba su considerable poder, y el sumo sacerdote de Amón, Amenhotep, se hizo representar en unos bajorrelieves de templo de Karnak del mismo tamaño que el faraón. Como muestra del desorden que sufría el país, sólo hay que observar la propia tumba del rey…en 18 largos años de reinado no llegó a ser finalizada, pese a ser de dimensiones más o menos modestas y no ofrecer ninguna complicación arquitectónica.
Ficha técnica de la tumba Kv6: Ramsés IX
 
A la entrada del corredor B se ve el disco solar flanqueado de diosas. En B hay una profusa decoración, con partes del Libro de las Cavernas, la Letanía de Ra y parte del ritual de Apertura de la Boca. También hay bellas representaciones de Ramsés IX y de los dioses Ra-Horajti, Osiris y Meretseger, así como de buitres y escarabajos alados. En el corredor siguiente, C, vuelve a aparecer en la entrada un disco solar, esta vez flanqueado por el propio difunto y halcones. Más fragmentos del Libro del Amduat, del Libro de las Cavernas y del Libro de los Muertos, así como un techo con motivos astronómicos decoran el lugar. Existen también figuras de guardianes serpiente, y de Ramsés IX acompañado de los dioses Hathor y Amón-Ra.
El pasillo D no desmerece en motivos decorativos a los anteriores. A su entrada el disco solar vuelve a estar acompañado por el faraón, al que se le añaden nueve dioses más (Osiris, Isis, Neftis, Horus, Hathor, Geb, Shu, Serket y Neit). En el corredor propiamente dicho aparecen representadas las horas segunda y tercera del Amduat, los guardianes serpiente y otras muchas imágenes, entre las que destacamos al rey representado como Osiris, y acompañado de Ptah y Maat. La antecámara E muestra, como en el corredor B, escenas de la Apertura de la Boca, realizada por un sacerdote del dios Inmutef, asociado a Horus. La sala de pilares F no está decorada, quizás por la falta de tiempo. Por su parte, la cámara sepulcral tiene como textos funerarios más partes del Amduat, del Libro de las Cavernas, del Libro de la Tierra y del Libro de los Cielos, éste último en el techo. Ramsés IX aparece en la barca solar junto a varios dioses, y también en forma de Osiris siendo revivido por Horus y otras divinidades protectoras.
Las obras de construcción fueron increíblemente lentas y tortuosas, y a al muerte del faraón aún no se había llegado a decorar ni la mitad de la tumba. Por ello, en los días en los que el cuerpo llegaba a Tebas y era embalsamado, los constructores sufrieron un auténtico maratón en el que consiguieron pintar lo que aún les quedaba. Es más, podemos decir que esta tumba fue la última del Valle de los Reyes en ser completamente pintada.
Aunque el estado de conservación de todas estas pinturas es en la mayor parte de los casos envidiable (sobre todo por haber estado la tumba abierta desde hace siglos), sí se ha comprobado que muchas pinturas se están perdiendo y algunos pigmentos comienzan a verse mucho más difusos. Toda la decoración de la parte baja de la cámara sepulcral se ha perdido.
La tumba de Ramsés IX contiene escenas del Libro de la Noche. El “Libro de la Noche” documenta el viaje del Sol por el interior de la Diosa Nut. Después de haber desaparecido detrás de las montañas de Occidente, tras haber sido engullido por Nut, el sol comienza su jornada nocturna en el cuerpo de la diosa del cielo. En las representaciones, la región de la Noche, la que el Sol atraviesa, ocupa el espacio entre los brazos y las piernas de Nut. El espacio ocupado por el Libro de la Noche está dividido en rectángulos por largas bandas verticales de inscripciones representando las once “Sebehets o Puertas”. En la tumba KV9 se completa con el “Libro del Día”, donde el Dios del Sol aparece con cabeza de halcón en lugar del Carnero de la Noche.
Ha estado abierta desde la antigüedad, según lo evidencian inscripciones griegas y romanas en las paredes de la tumba.
Pinedyem II, faraón de la Dinastía XXI ordenó trasladar la momia de Ramsés IX desde el Valle de los Reyes al escondrijo de Deir el Bahari, para protegerla, donde posteriormente fue encontrada en el año 1881. Actualmente, está en la Sala de las Momias del Museo de Antigüedades de El Cairo.
 Los Saqueadores de Tumbas
Las tumbas comenzaban a ser saqueadas poco tiempo después de haberse cerrado. De hecho, Ramsés IX es conocido por un proceso acaecido durante su reinado, relacionado con estos saqueos y registrado en el papiro de Abbott. Las riquezas de los ajuares con que los faraones se enterraban para gozar en el Más Allá, era una llamada para los ladrones de tumbas y muchas de éstas eran saqueadas. Pero sería el robo de la tumba de Ramsés IV, en el año 16 del reinado de Ramsés IX,  el que inició el proceso contra los ladrones.
El alcalde de Tebas acusó a Paueraa, superintendente de Tebas Oeste, de ser saqueador de tumbas. Por esto se inició un juicio cuyo tribunal lo formaban el visir, el sumo sacerdote de Karnak, el sacerdote funerario del Faraón, dos mayordomos reales, un general de carros, un portaestandarte y el mismo alcalde de Tebas (Paser).
El proceso se recoge en diversos papiros, como el de Amherst. Las investigaciones las llevó el alcalde de Tebas y de las diez tumbas que visitó, solamente una de ellas estaba intacta, la del faraón Amenhotep I. Sin embargo, fue imposible demostrar que Paueraa fuese culpable de los crímenes por las pocas pruebas presentadas en su contra...
¡Hasta el próximo capítulo!
Referencias bibliográficas del Capítulo 3 (El Valle de los Reyes - Ramsés I):

lunes, 21 de febrero de 2011

Capitulo 3 del Viaje a Egipto - Valle de los Reyes (3ª parte: Ramsés I)

Pasamos ya a comentar la siguiente tumba. En este caso retrocedemos en la dinastía ramésida hasta el que podríamos llamar como su fundador: Ramsés I.
Coronado faraón con el nombre de Menpehtyra Ramsés, nadie sospecharía que aquel hombre de avanzada edad iba a llegar a poseer el poder absoluto sin estar emparentado ni de lejos con la declinante dinastía XVIII. Proveniente de la zona de Avaris, la denostada y derruida capital de los hicsos, el comandante Paramesu fue escalando posiciones durante el reinado de Horemheb hasta convertirse en su visir y segundo a bordo. Debido a la actitud de ambos personajes y de sus sucesores con los reyes del turbulento periodo de Amarna, se cree que tanto Horemheb como Paramesu tuvieron un papel muy importante en la restauración del culto a Amón, convirtiéndose posteriormente en los primeros perseguidores de las huellas del «hereje» Akenatón y su familia.
Debido a la falta de un heredero varón, Horemheb asociaría al trono a su visir en condiciones de completa normalidad. Pese a la edad del futuro Ramsés I, la sucesión parecía asegurada, ya que por entonces su hijo Seti había alcanzado la madurez y había tenido a un hijo varón (Ramsés II). 
Ficha técnica de la tumba Kv16: Ramsés I
Incluso es posible que la casa ramésida fuese emparentada por medio de diversos matrimonios con la familia de Horemheb, legitimando aún más la llegada de la nueva dinastía. Sea como fuere, parece ser que a la muerte de Horemheb, Paramesu ascendió al trono como Ramsés I sin un gran revuelo y en un momento de completa estabilidad interna.
La planta de KV16 revela que la construcción del sepulcro fue rápida y precipitada, sin atender a excesivos cuidados y ornamentos arquitectónicos. Aún así, fue excavada con gran maestría no exenta de simplicidad y economía de espacio y tiempo. Las primeras estancias se corresponden al diseño típico de entonces de una tumba real, análogo al del lugar de descanso eterno destinado a Horemheb, el antecesor de Ramsés I: una escalera de entrada, una rampa con una gran pendiente descendente y una última escalera.  
De haber vivido algún tiempo más, sin dudas se habría seguido con las estancias tradicionales –un pasillo, el pozo funerario, la sala de pilares, dos corredores más, una antecámara y la propia cripta-, pero sólo se tenían unos pocos meses para acabar un trabajo en el que se solían invertir varios años. Aún así, es probable que llegasen a cumplir con su cometido antes de la coronación de Seti I,  mientras era embalsamado Ramsés I, pues pudieron excavar dos cámaras laterales enanas y un nicho frontal para incluir más ajuar funerario.
Las dimensiones de estos pasillos son sensiblemente menores que otros sepulcros reales, sin duda debido a lo avanzado de la edad del faraón. Esta precaución acabó teniendo motivos, pues al poco de terminar la segunda escalera falleció Ramsés I. Entonces, los constructores de Deir el-Medina, en un alarde de profesionalidad, aceleraron considerablemente las obras, improvisando un pequeña cámara sepulcral bien excavada y pulida e incluso dotada de decoración para la gloria del difunto monarca.
 EL ÚLTIMO VIAJE DE RAMSÉS I
Ramsés I descansó en su tumba más de 200 años, hasta que, quizás durante el reinado de Esmendes I, su cuerpo fuera trasladado a un lugar más seguro que además sirviera de refugio a otras momias reales. Este sitio resultó ser KV17, donde además de Ramsés I estaban resguardados los cadáveres de su hijo y su nieto, Seti I y Ramsés II. Y juntos, los tres primeros reyes de la dinatía XIX reposarían algún tiempo más hasta que volvieron a ser trasladados primero a la tumba del acantilado de la antigua reina Ahmose-Inhapi y después a DB320, en Deir el-Bahari. De todas la momias conocidas de DB320,  sin lugar a dudas fue la de Ramsés I la que más avatares sufrió en la historia reciente. DB320 fue el lugar de destino de gran parte de los faraones del Imperio Nuevo, y permaneció oculto durante siglos hasta su descubrimiento a mediados del siglo XIX por la familia Abd el Rassul, quienes traficaron con muchos de los objetos e incluso algunas de las momias que se encontraban allí. Los Abd el Rassul la robaron y la vendieron, según una versión de la historia, al doctor James Douglas, quien la trasladó hasta Ontario, a un “museo de monstruos y curiosidades de la naturaleza”, llegando a ser presentada como la momia de nada más y nada menos que la bella reina Nefertiti. Sin embargo, el interés que despertaba aquella momia iba en aumento, sobre todo debido a que sus brazos se hallaban cruzados sobre el pecho, en una postura propia de los faraones. Tras 130 años recluida en aquella “galería de los horrores”, la momia fue vendida a la Universidad de Emory, cerca de Atlanta, donde numerosos estudios condujeron a la gran sorpresa de que aquel cadáver realmente pertenecía a un faraón, al propio Ramsés I. El gobierno egipcio solicitó su regreso inmediato, que se hizo efectivo el 24 de octubre de 2003. Aquel día Ramsés I volvió al país que le vio nacer, más de tres mil años antes, recibiéndosele con honores de Jefe de Estado. En los siguientes párrafos, algunos recortes de periódico donde se relatan algunos aspectos de estas aventuras póstumas del primer Ramsés…
RESCATE FARAÓNICO. La momia atribuida al faraón Ramsés I recién recuperada por el Museo de Egipto, en El Cairo. / Heba Hemy. El Cairo. EFE. 30/10/2003. El faraón Ramsés I reposa ya en la tierra que gobernó hace más de 3.500 años, después de que su momia regresara anoche a Egipto, de donde fue sacada ilegalmente hace más de 140 años por una familia de contrabandistas. La momia entró en el Museo de Egipto, en El Cairo, con honores de jefe de Estado, a pesar de que no existe seguridad absoluta sobre su identidad. Después de 140 años, El Cairo recupera la momia del faraón que gobernó Egipto hace 3.500 años. Los niños del colegio del Museo, vestidos como sus antepasados, acompañaron la caja envuelta en la bandera egipcia, mientras entonaban himnos militares como los que se escuchan en el aeropuerto en las visitas oficiales. «Aunque no tenemos pruebas al 100% de que la momia sea de Ramsés I, fundador de la XIX dinastía, que marcó la edad de oro del Imperio Nuevo egipcio, los informes y los estudios arqueológicos indican que es una momia real», explicó el arqueólogo egipcio y director del Consejo Superior de Antigüedades egipcias, Zahi Hawas.
Acompañado por Bonnie Speed, directora del museo Michael C. Carlos de Atlanta, donde permaneció la momia los últimos años, Hawas descubrió el cuerpo que será exhibido un mes y medio en el Museo de El Cairo, antes de ser trasladada a Luxor, antigua Tebas y capital de la XIX dinastía. «El regreso de la herencia cultural de Egipto ilegalmente sacada del país es el gran sueño de los egipcios», señaló el ministro de Cultura, Faruk Hosni, que no pudo asistir a la bienvenida.

En medio de una gran expectación, Hawas relató los pormenores del rescate de la momia, robada de Egipto en la segunda mitad del siglo XIX. «La odisea de Ramsés I empezó en 1870 cuando la familia de Abdel Rasul consiguió expoliar su tumba en el Valle de los Reyes de Luxor (a 725 kilómetros de El Cairo)», subrayó Hawas. «En 1871 fue vendida al anticuario inglés Mostafa Agha, quien la revendió al museo de Arte de la Cataratas del Niágara (Canadá), que la adquirió sin saber que pertenecía a un rey», continuó. Este museo se declaró en quiebra en 1999 y vendió toda su colección a un tratante canadiense que no se sentía atraído por las antigüedades faraónicas y se la ofreció al museo Michael C. Carlos por dos millones de dólares. Colecta pública: Uno de los directivos del museo pagó un millón, mientras que el resto fue reunido a través de una colecta pública entre la población de Atlanta, a la que ahora una frase al pie de la momia agradece que la haya «regalado» a Egipto.
Apoyado en esta historia y en diversos estudios del museo Michael C. Carlos, Hawas justifica que la momia pueda ser del propio Ramsés I. Según el arqueólogo egipcio, existen varios indicios que prueban esta teoría: Agha fue el comprador de todos los tesoros robados por los contrabandistas en la tumba de Ramsés I. Además, los rasgos del rostro se parecen mucho a los de Seti I, su hijo y sucesor y padre de Tutankamon, cuya tumba ha sido la única real encontrada intacta. Asimismo, la forma de momificación y la postura de la manos indican que se trata de un rey del Imperio Nuevo (1539-1075 a. C.). Por último, «cuando en 1881 se abrió la tumba de Ramsés I, en Deir Bahari, (en la margen occidental del Nilo) la encontraron vacía». Ramsés I, considerado el segundo mejor comandante de las épocas faraónicas –tras el guerrero-faraón Horemheb–, gobernó el Alto y Bajo Egipto entre el 1304 y el 1192 a. C. Ahora, tras más de 140 años de periplo norteamericano, descansará en la capital que conoció su esplendor a la vista de quienes quieran visitarlo.
La momia del presunto Ramsés I cifra la edad de la muerte en torno a unos 40 ó 45 años, quizás más, y el deceso pudo llegar a ser producido por una severa infección en la oreja, a consecuencia de una perforación mal hecha para colgar un pendiente.
Volviendo a la tumba, decir que el único texto funerario que aparece en ella es el Libro de las Puertas, que a partir del reinado de Horemheb es casi omnipresente en todas las tumbas reales posteriores. Así llamado por el arqueólogo Mariette, es un texto sagrado datado en la época del Imperio Nuevo. Narra el viaje del espíritu de un difunto en el otro mundo, y está relacionado con la marcha del Sol, aunque transcurre durante las 12 horas nocturnas, en la Duat. 
Durante esta travesía nocturna Ra es un sol muerto y representado como un Osiris de piel negra, debiendo vencer los peligros del mundo subterráneo para renacer al final de la noche bajo el aspecto de Jepri, el sol naciente que ha vencido el caos cerrándose así el ciclo de la muerte y renacimiento del difunto en el Más Allá.
El texto y las imágenes asociadas con el Libro de las puertas aparecen en muchas tumbas del Imperio Nuevo, inclusive en todas las tumbas de los faraones desde Horemheb a Ramsés VII. También se muestran en la tumba de Senneyam, un trabajador del poblado de Deir el-Medina, la antigua localidad de artesanos y artistas que construyeron las tumbas de los faraones del Imperio Nuevo. Cada diosa del Libro de las Puertas  tiene un título diferente, y portan vestidos de color distinto, pero son idénticas en todo lo demás, llevando todas sobre sus cabezas estrellas. La mayor parte de las diosas son específicas del Libro de las puertas, y no aparecen en otros textos de la mitología egipcia, así que se ha sugerido que el relato se originó simplemente como un sistema para determinar el ciclo nocturno, con una diosa en cada puerta, siendo estas una alegoría de la principal estrella que surge en cada hora. Navegando en su barca a través de un río subterráneo (simbolismo del Nilo en el mundo inferior), el espíritu representado por Ra requiere pasar una serie de "puertas" en diferentes etapas del viaje. Cada puerta, rodeadas de serpientes y genios malignos, se asocia a una diosa diferente, y requiere que el difunto reconozca el carácter específico de cada deidad. Un guardián impide el paso de la comitiva solar: Ra tiene que atravesar cada puerta sin peligro recitando fórmulas mágicas ayudado por las divinidades que lo acompañan en su viaje. La correcta pronunciación del nombre del guardián de cada puerta permitirá a Ra y su séquito atravesar las puertas y continuar la travesía nocturna. El texto da a entender que algunas personas pasarán incólumes, mientras que otras sufrirán tormento en un lago de fuego.
La parte más célebre del Libro de las Puertas  se refiere a las diferentes razas de la humanidad conocidas por los egipcios; dividiéndolas en cuatro categorías que son normalmente expuestas como ”egipcios”, “asiáticos”, “libios” y “nubios”. Se les representa en procesión, entrando en el otro mundo.
Las cuatro razas: egipcios, libios, nubios y asiáticos, en la Tumba de Seti I
La malvada serpiente Apofis (ó Apep) está presente en todas las etapas de este recorrido solar tratando de obstaculizar la salida triunfante de Ra con el alba. Si Apofis vence a Ra no habría un nuevo día y se impondría el caos, sin embargo en la hora 12 tiene lugar la destrucción de la serpiente: una vez más el sol ha vencido al caos.
Al igual que las escenas del Amduat, para reflejar en la pintura pasajes del Libro de las Puertas la decoración se divide en 3 niveles: el registro central es el río subterráneo por donde discurre la barca mientras que los otros 2 niveles son las orillas donde aparecen bienaventurados y seres malévolos.
Ramsés I ante Osiris - Ramsés I 
Junto al Libro de las Puertas se observan también las figuras del fallecido junto a diversas deidades de connotaciones funerarias, tales como Osiris, Horus o Anubis, además de otras también bien conocidas (Atum-Ra-Jepri, Neit, Maat y Nefertem). Por ende aparecen las llamadas Almas de Nejen y las Almas de Pe, símbolo de los antiquísimos monarcas del Alto y Bajo Egipto, considerados espíritus protectores. Y además, podemos ver pinturas de otros motivos, en este caso de conocidos amuletos como el pilar dyed o el nudo tyit, asociados a Osiris e Isis, respectivamente.
La tumba de Ramsés I fue descubierta en octubre de 1817 por el italiano Giovanni Battista Belzoni, sólo unos pocos días antes del hallazgo de KV17, capaz de eclipsar con su belleza y magnificencia a cualquiera de los otros sepulcros por entonces conocidos del Valle de los Reyes. Aun así, KV16 también llamó algo la atención de la expedición de Belzoni –patrocinada por el coleccionista de antigüedades inglés Henry Salt–…
… sacando a la luz los pequeños restos del equipamiento funerario que aún quedaban, tales como estatuas guardianas de madera o pequeñas figurillas de dioses aún sin nombre, con forma de hombres con cabezas de chacal, mono y león, e incluso una mujer con una tortuga por cabeza, quizás el hallazgo más curioso. El enorme sarcófago de granito rojo sería abandonado en la cámara sepulcral.

Se va acercando el momento culminante de la visita al Valle de los Reyes, es decir, la entrada a la tumba de Tutankamón. Pero antes nos queda que ver otra tumba, cosa que no ocurrirá...¡Hasta el próximo capítulo!
Referencias bibliográficas del Capítulo 3 (El Valle de los Reyes - Ramsés I):