miércoles, 30 de marzo de 2011

Capítulo 6 del viaje a Egipto - El Templo de Lúxor: nos vamos de Fiesta

Atravesamos el pílono del Templo de Lúxor y ya entramos en El patio peristilo o de Ramsés II, de 55 metros de longitud, fue añadido por este faraón y actualmente representa el primer patio. Está compuesto por 74 columnas papiriformes que muestran al faraón con distintas divinidades. Las columnas están colocadas en 2 hileras alrededor del patio. En el centro se encuentra un santuario formado por 3 capillas dedicadas a Amón (la central), Mut (la izquierda) y Jonsu (la derecha). Construidas por Hatshepsut y Thutmose III y decoradas posteriormente por Ramsés II, servían como almacén de las barcas sagradas…(si recordáis, como en Karnak).
La situación de las capillas es lo que hizo que el patio no siguiese el eje del templo original, sino que se encuentra desviado hacia el este, en dirección a Karnak. No se percibe a primera vista, pero es imposible de obtener desde el pilono una vista axial del templo, ya que la perspectiva está rota. 
El conjunto está sin embargo muy bien concebido para que esta particularidad no afecte a la armonía de las proporciones; incluso los obeliscos, de medidas diferentes, fueron emplazados desfasados de tal manera que cuando tenemos el pilono en frente la diferencia no se note. Si es que estos arquitectos egipcios eran un bastinazo de buenos, y no como el Numerobis ese de Astérix...
La decoración interior del patio escenifica una procesión que personifica los distritos mineros que portan ofrendas al dios, un sacrificio de Ramsés II a una diosa, la inauguración de la entrada monumental en la que aparecen los hijos del faraón  y ceremonias religiosas. Hay además una inscripción que refleja las partes del templo construidas por Ramsés II.
Sobre una iglesia cristiana previamente construida, los conquistadores musulmanes montaron una mezquita en honor del santo local Abu Hagga: 
La mezquita se encuentra a la altura de los capiteles de las columnas, nivel hasta donde llegaba el acúmulo de arena que cubría al templo, cuando éste aún no había sido desenterrado.
Diferencia de altura y de tiempo histórico.
Una panorámica del peristilo.
Otra.
Vista desde abajito de la mezquita.
Columnas al atardecer temprano de Lúxor.
La salida del patio hacia el resto del Templo está flanqueada por  dos colosos sedentes de Ramsés II, que portan a la reina Nefertari, vestida como la diosa Hathor, en su pierna derecha. Las estatuas están realizadas en granito negro y el zócalo está decorado con escenas de prisioneros que representan a los pueblos vencidos por el faraón.
A estas alturas (nunca mejor dicho), no hay duda de que...
Fue Ramsesito Segundo el que inventó la frase hecha de...
"Obra faraórica"
"Pega un saltito y siéntate en mi faldita, si tienes co..raje" 
(Palabra de Faraón, Papiro Quemepiro)
En la época de Ramsés II, se comienza a tallar los jeroglíficos hacia el interior de la piedra en lugar de sobresalir en relieve como hasta el momento.
Sea como fuera que lo hicieran, el resultado es impecable, casi futurista. 
Nos impresionó la perfección de los jeroglíficos en el granito negro, como si hubiesen sido taladrados con gigantescos moldes realizados en un material aún más duro que la oscura piedra…¿O quizás usaran láser?
Los Jeroglíficos no tienen sentido

“¿En qué sentido escribe usted? Qué pregunta más extraña. ¡Todo el mundo escribe de izquierdas a derecha, claro está! Una evidencia más de la que hay que desprenderse. Ciertas lenguas, como el árabe, se escriben de derecha a izquierda, lo que al parecer es menos cansado. ¿Y los jeroglíficos? ¡Mejor aún! Unas veces se escriben de derecha a izquierda, otras de izquierda a derecha; otras horizontalmente, y otras verticalmente. La norma es simple: para leer la inscripción hay que ir hacia los signos, mirarlos de frente, puesto que los jeroglíficos, por su parte, están contemplando el comienzo del texto. Una escritura en cuatro dimensiones. ¿Es posible imaginar algo mejor? De este modo el hemisferio cerebral derecho y el izquierdo funcionan a pleno rendimiento.”
Fragmento del libro “El Enigma de la Piedra”,  de Christian Jacq
Quede aquí constancia de que a lo largo del viaje (no recuerdo exactamente dónde, quizás en Kom Ombo), el guía hizo la pregunta retórica: ¿En qué sentido se leen los jeroglíficos? La pregunta fue formulada para dar pie a la explicación, pero, lógicamente, fue respondida por una persona del grupo, con la ilusión no de quien la sabe sino de quien la ha vivido. Porque aunque no hubiera visitado Egipto hasta ese momento, lo había vivido a través de las páginas de los libros. Como nos recordó Pérez Reverte, ya lo decía Herman Melville en Moby Dick: "He navegado por océanos y bibliotecas"...
Los colosos dan paso a la Columnata Procesional de Amenhotep III, formada por 14 columnas, de 16 metros de altura, dispuestas en 2 filas. En las columnas están grabados los cartuchos de Amenhotep III, Horemheb, Sethy I y Ramsés II.
El templo fue descuidado, incluso maltratado durante el reino del faraón «herético» Akenatón. Los trabajos recomenzaron bajo Tutankamón y Ay, quienes acabaron la decoración de los muros de la columnata procesional añadiendo especialmente las escenas de la Fiesta de Opet. Abajo, detalle de las estatuas de Tutankamón y Ankesenamón, situadas detrás de uno de los colosos.

La parejita.
El Festival del Opet
Se celebraba en Tebas (nombre antiguo de Lúxor) en veneración de la famosa Tríada Tebana, y para dar la bienvenida al 2º mes del calendario egipcio, con motivo de la crecida del Nilo (coincidiendo más o menos con nuestro mes de Septiembre).

Ocultos a bordo de una barca sagrada, las estatuas de Amón, Jonsu y Mut –la mencionada tríada– marchaban en procesión a lo largo de 3 kilómetros por la Avenida de las Esfinges, que unía el Templo de Karnak  con el Templo de Lúxor.
Itinerario del cortejo.
En orígen, anteriormente a Tutankamón, la fiesta salía por vía terrestre, desde el Sexto Pilono del Templo de Karnak y recorría seis reposaderos de la barca, construidos por la reina Hatshepsut, hasta llegar al sexto reposadero o capilla, que ya se encuentra dentro del templo de Lúxor tras la construcción del primer patio y pílono por Ramsés II. Posteriormente esta fiesta se desarrolló por vía fluvial, forma en la que está recogido en los muros del Templo de Lúxor.
Así podía haber sido.
La fecha del festival se fijaba sobre la base de las fases lunares. La celebración se estableció recién durante el Nuevo Imperio, y se mantuvo durante varios años después de terminado éste. Como todo en el Antiguo Egipto, Opet no era un festival que dejara de lado el poder faraónico del rey. Se creía que, durante las celebraciones, el poder de Amón era transferido de manera ritual a su heredero viviente: el gobernante del momento. De modo que la imagen del faraón era central en esta tradición religiosa.  
En papiro.
La multitud –precedida por el faraón y sus sacerdotes– llegaba al templo de Lúxor con la barca sagrada sobre los hombros. Allí, la depositaban en la oscuridad del interior, y encendían los inciensos rituales. El faraón abandonaba el santuario y sus seguidores lo veneraban y perdonaban cualquier error que hubiera cometido durante su gestión. Así se renovaba el poder del gobernante, hasta el año siguiente.
Paramos aquí, que esto merece explicación.
La Sala Columnata de Amenhotep III, originalmente cerrada y techada, recoge mejor que ningún otro monumento conocido, el desarrollo de las procesiones de la fiesta de Opet, que no de las ceremonias, ya que éstas no figuran recogidas en ningún lado. En el muro oeste de la sala figura la procesión viniendo del Templo de Karnak hacia el recinto del Templo de Lúxor, en tanto que en el muro contrario, en el este, figura la salida de las procesiones de las barcas hacia Karnak, después de concluir el festival de Opet, el cual duraba 11 días en tiempos de Amenhotep III y paulatinamente se fue alargando hasta llegar a 24 días en época de Ramsés III de la Dinastía XX, unos 200 años después. Las paredes muestran relieves alusivos a la procesión con todo lujo de detalles: 
  • Cortejos de músicos entonan canciones y tañen instrumentos de cuerda, de aire como las flautas y de percusión (por cierto, estos dibujos sirven de referencia para la reconstrucción de los instrumentos típicos de ese momento); 
  • Se pueden ver representaciones de personajes con bastones que tienen como misión fundamentalmente el preservar que la comitiva no se vea impedida por las manifestaciones de alegría del pueblo, pues era tal la alegría y festividad que esta fiesta suponía para el pueblo de Tebas; 
  • La representación de unas danzas rituales muy curiosas, realizadas por mujeres y que se desempeñan también con motivo de los jubileos del faraón Amenhotep III, consistiendo en piruetas perfectamente coordinadas y probablemente al ritmo de palmas o de algún instrumento musical que no sabemos con precisión; 
  • Podemos ver, asimismo, comitivas de soldados, que también formaba parte de la procesión, con sus hachas, escudos y lanzas al estilo del Imperio Nuevo. 
  • La procesión iba acompañada, además, de cánticos y fumigaciones de sacerdotes que iban delante de las barcas y que iban entonando unas salmodias con unas letras antiquísimas, quizá de la época de las pirámides, en las que alababan la unión del dios con la esposa divina….
Una foto nuestra de las viandas del banquete y que luego encontraríamos en el libro de la Epigraphic Survey.
Todo ello utilizando novedosos estilos artísticos para la época, como el “escorzo” (que “oficialmente” se inventaría en el Renacimiento) y con clara influencia del arte amarniense. En resúmen, se aprecia la voluntad de reflejar lo más fielmente posible (como una película), las escenas que se desarrollaban esos días con motivo de esta festividad, más allá del ritual formal y de las posturas rígidas de los faraones y los dioses en sus posturas tradicionales.
Dibujo de la Epigraphical donde aparecen nuestras aves.
Todos los relieves que se encuentran en este recinto, están siendo objeto de reconstrucción por la Epigraphical Survey de la Casa Oriental de Chicago en Lúxor. Entre los trabajos que realizan, uno de ellos consiste en recoger fragmentos desmontados de las paredes y reconstruir las distintas representaciones, como marchas procesionales,  rituales al dios Amón, a la diosa Mut o al dios Jonsu; frisos con los nombres del faraón; adoración y de rito del faraón, todo ello a base de ir insertando fragmentos de piedra.
Fragmento ampliado del dibujo con las aves en primer plano.
Aquí vemos uno de los dibujos de reconstrucción realizado por la Epigraphical Survey, precisamente el correspondiente a una de las pocas fotos que hicimos nosotros de las paredes de la Sala Columnata, y en el que se aprecian la múltiples ofrendas recibidas por el Faraón y apiladas junto a él. Las aves fueron la pieza clave para poder encontrar el fragmento en la página 163 del gran libro que tiene la Epigraphical y donde se recogen todos los dibujos de las paredes de la Sala Columnata Procesional.
Con un poquito de color salido de nuestra imaginación.
Como ejemplos algo más representativos, aquí vemos al Rey saliendo del Palacio y siendo saludado por Amón y Mut. 
El dibujo.
Foto de la Epigraphical Survey
El Panteón de dioses
Y aquí vemos las barcas de Amón, Jonsu y Mut siendo transportadas desde el Templo de Karnak hacia el Nilo.
Las barcas a "paso horquilla"
Foto de la Epigraphical Survey.
Nuestro guía nos comenta los dibujos.
Sobrepasada la Columnata Procesional se encuentra el Atrio o Patio peristilo de Amenhotep III. El interior del patio está rodeado en tres de sus lados por 2 hileras de columnas con capiteles papiriformes cerrados. El patio se comunicaba con la columnata por una escalera, al estar más elevado que aquella.
En este patio la procesión realizaba una especie de deambulatorio por puntos de la sala, referidos a los relieves que tenían las propias paredes, realizando determinados rituales concretos: todos los restos de relieves que quedan en la mitad de los muros bajos de esta sala están referidos a actos de adoración y de culto del faraón a Amón-Ra, a Mut y Jonsu.

El cuarto lado del patio está unido a la Sala Hipóstila, que representa la primera estancia interior del templo. Originalmente la sala se encontraba techada. Cuenta con 32 columnas con capiteles papiriformes cerrados, dispuestas en 4 filas de 8 columnas cada una. Las imágenes de los dioses, que aparecen en la decoración, fueron restauradas durante la XIX dinastía ya que los originales fueron destruidos por Akenatón. La sala tiene 3 habitaciones auxiliares consagradas a Mut, Jonsu y Amón-Min.
Detalle de una de las columnas
En 1989, intentando hacer obras de ingeniería para drenar las aguas de filtración que amenazaban los cimientos de las columnas, excavaron unas fosas en las que encontraron una serie de estatuas bellísimas, casi todas de finales de la Dinastía XVIII, que estaban allí depositadas cuidadosamente por motivos desconocidos. Actualmente son las piezas fundamentales del Museo de Lúxor.
Momento vídeo: hacer doble clic en el recuadro para ver un extracto de la explicación del guía en el Patio Peristilo.
Hay quien sugiere que éstas se escondieron por motivo de la persecución de Akenatón, pero esto se descarta posteriormente por cuanto la datación de estas estatuas y de algunas otras de la época de Horemheb, hace imposible por razones cronológicas que esto sea así. Sigue siendo un misterio porqué estas estatuas se escondieron en ese lugar. Según otra teoría bastante más peregrina, las “cashettes” o escondrijos ocultarían estatuas ya utilizadas, excesivamente cargadas de energía según los cultos y ritos egipcios, y no válidas o no utilizables. Las estatuas eran sometidas a exposición de rayos solares y rayos lunares en momentos concretos de conjunciones astrales, que probablemente en función del elemento del que estuvieran construidas, pudieran tener algún peligro de carga y recarga de radiación, siendo éste el motivo obligado del enterramiento.


La Sala Hipóstila desde el Patio Solar. Al fondo se observa el Santuario Romano.
Una vez dejamos atrás el Atrio através de la sala hipóstila, llegamos a la sala denominada Santuario Romano, que está decorada con imágenes de emperadores romanos superpuestas sobre los originales egipcios. 
Teniendo en cuenta que los primeros Cristianos pasaron por aquí...
...quién dice que los Templos egipcios no fueron las primeras iglesias cristianas. ¿No os imagináis la imagen de un Cristo o una Virgen puestos debajo de esta bóveda a modo de altar? Si es que no hay nada inventado. 
 En esta imagen se observa como se van sumando periodos históricos unos sobre otros como si se tratase de estratos de eras geológicas. 
Vamos entrando ya en el corazón del Templo. Pero eso será ya, si os parece, en el próximo capítulo...

martes, 29 de marzo de 2011

Capítulo 6 del viaje a Egipto - El Templo de Lúxor: El exterior

Tras una intensa mañana en la Antigua Tebas, a reponer fuerzas en el barco, que aún nos queda un plato fuerte por la tarde: la visita al…
TEMPLO DE LÚXOR: EL LUGAR DEL NACIMIENTO
Muchos os haréis la misma pregunta: que "jartá" de templos ¿no? Pues es verdad que son muchos templos los que llevamos vistos en un sólo día. En realidad, con éste son concretamente 3 templos, 4 tumbas y 2 colosos (aunque éstos se pueden contar como uno sólo porque están juntos y se ven a la vez, jeje). Pero, y ya hablando en serio, para nada se harta uno de tantas piedras, sobre todo por que te das cuenta de que cada uno de estos lugares tiene sus características diferenciales propias y su personalidad. El secreto, creo yo, es el de informarse antes un poco acerca de los lugares que vamos a visitar, para que, una vez allí, no nos suene todo a jeroglífico y nos enteremos de la historia y de la Historia que atesoran. Y de paso, no aburrirnos. De todas formas, quien diga que en Egipto se aburrió posiblemente se aburra en todos los sitios del Mundo. Pues eso, ¿seguimos?
Mapa de Luxor, antigua Tebas, y de las montañas tebanas. En recuadro, el Templo de Luxor, que visitamos esta tarde del Martes 28 de Abril de 2009. 
En esta foto, el Templo desde el aire.
La construcción del Templo de Lúxor fue ordenada por Amenofis ó Amenhotep III a su arquitecto también llamado Amenhotep (hijo de Hapu). Éste edificó un templo completo: naos, santuario de la barca, sala de ofrendas y antecámara, esta última flanqueada de capillas destinadas a la triada tebana. 
Ejecutado en el más puro estilo de la XVIII dinastía egipcia, el Opet del sur constituye un raro ejemplo de edificio divino del Nuevo Imperio bien preservado.
Echemos un vistazo al plano del Templo para situarnos. Del 8 al 19 es obra de Amenhotep III, a excepción de alguna ayuda posterior de Alejandro Magno y los romanos. Los números bajos (1 al 7) corresponde a obras de Ramsés II y otros reyes más modernos (Ptolomeos, Nectanebo, entre otros).
A medida que caminamos desde la entrada hasta el interior del Templo de Lúxor, observamos las construcciones desde las más recientes a las más antiguas en el tiempo. Algo así pasaba, si recordamos en el Templo de Karnak. 
Tras bajarnos del autobús, caminamos hasta la entrada al recinto, con los tickets que nos suministró el guía (y cuyo precio también iba incluido en el precio del viaje). Una vez ya en la explanada frente al pílono de Ramsés II, el Habibi nos dió las explicaciones previas a la visita.
El templo de Luxor es el complemento meridional del gran templo de Amón en Karnak, en la medida en que estaba dedicado a la triada tebana, pero sobre todo a Ka y a la forma progenitora del dios dinástico bajo el aspecto de Amón-Min. Separados por unos dos kilómetros, los dos templos estaban unidos por una avenida o dromos bordeado de 700 esfinges con cabeza de carnero y de estaciones o capillas donde se paraban las barcas de la triada tebana en la gran Fiesta de Opet.
El Dromo de las Esfinges
Bajo el reino de Nectanebo I, esta avenida ceremonial fue completada por esfinges con cara humana (androesfinge) del lado del templo de Luxor, mientras que en el lado de Karnak, como vimos antes, permanecen con cabezas de carnero.
El dromos constituía la articulación principal de la ciudad que atravesaba de norte a sur, dividiéndola en un barrio occidental que bordeaba el Nilo dónde se encontraba el puerto, los barrios populares y el de los artesanos, y un barrio oriental probablemente más residencial que se extendía entre los grandes templos y contenía numerosos santuarios repartidos a lo largo de las grandes avenidas adoquinadas que cuadriculaban la ciudad.
Capilla de la diosa Hathor
Situada en la explanada exterior, a la izquierda una vez finalizada la avenida de las esfinges, se encuentran los que quizás sean los restos de una Capilla de la diosa Hathor (cuya adoración habíamos visto de forma patente en el Templo de Hatshepsut y de la que ponemos aquí abajo un simpático dibujito).
La Capilla de Serapis
Situada también en la explanada exterior, a la derecha una vez finalizada la avenida de las esfinges.
Dios tardío en la historia del Antiguo Egipto, ya en la época helenística, Serapis (User-Hep en su nombre egipcio) era una deidad sincrética greco-egipcia a la que Ptolomeo I declaró patrón de Alejandría y dios oficial de Egipto y Grecia con el propósito de vincular culturalmente a los dos pueblos. Sus templos estaban vinculados a concurridos oráculos que interpretaban los sueños.
Serapis fue adorado, principalmente, como dios de la curación. En resumen: el último gran dios pagano antes del imperio del Cristianismo.
El dios patrono de Alejandría obtuvo rápidamente un lugar destacado en el mundo griego. Las reprentaciones humanas de Isis y Horus fueron fácilmente adaptadas a la imaginería griega, mientras que Anubis fue aceptado gracias a la imagen clásica griega del Cancerbero. El culto de Serapis —junto con Isis, Horus y Anubis— se propagó a lo largo del mundo helenístico, alcanzando también a Roma. A su vez, el ejército romano de Alejandro Severo (quien aparece en algunas monedas frente a una imagen de Serapis) llevó el culto de esta deidad hasta los últimos confines del Imperio. El culto de Serapis se convirtió así en uno de los principales de Occidente, conservando popularidad hasta los tiempos de Juliano el apóstata. La destrucción del Serapeo de Alejandría y de su famosa imagen en el año 385 d. C., tras el decreto de Teodosio, marcó el declive final del paganismo en todo el Imperio (en estos hechos se basaba la película de Amenábar sobre Hypatia de Alejandría).
El pílono
Construido por Ramsés II, relata la batalla de Qadesh, librada por el faraón contra los hititas. Representa la entrada al templo. En la decoración se incluye el poema de Pentaur que glorifica el valor del faraón en la batalla. Para más información, ver el capítulo sobre la sala hipóstila del Templo de Karnak (es que este Ramsés II era en verdad un poquito monotemático).
En la entrada están las famosas estatuas sedentes de Ramsés II, decoradas con imágenes de prisioneros que representan los 9 pueblos conquistados por Egipto. La reina Nefertari aparece a cada lado del trono. Las estatuas son de granito gris con una altura de 15.6 metros. Originalmente existían 4 estatuas más, realizadas en granito rosa de las que actualmente sólo queda una que representa a Meritamón, la hija de Ramsés II.
Frente al pílono se encontraban 2 obeliscos, de los que sólo uno queda en el lugar original, de unos 25 metros de altura se encuentra actualmente en su emplazamiento original. El obelisco está decorado con una escena en la que aparece Ramsés II adorando a Amón, y 3 franjas de jeroglíficos en las que se describe el protocolo real junto a una fórmula de alabanza a las construcciones y victorias del faraón y la duración de su reinado.
El solitario y desparejado Obelisco
Estela situada en el exterior del templo
Los dos obeliscos fueron ofrecidos en 1830 a Carlos X de Francia por Mehemet Ali, pero sólo el de la derecha fue finalmente derribado y transportado hacia Francia. Jean-François Champollion fue quien eligió, por mandato del rey, el primero de los dos obeliscos, en parte cubiertos de arena. La leyenda dice que se decidió por el de la derecha, entrando en el templo, el más pequeño y el más dañado. El obelisco fue erigido con una gran fiesta en París, dónde se erigió en 1836 en el centro de la plaza de la Concordia…
…En agradecimiento, Luis Felipe I de Francia ofreció un reloj que hoy día adorna la mezquita de Mehemet Ali (la mezquita de Alabastro, que días después visitaríamos en el Cairo), pero se estropeó en el camino y nunca funcionó. El segundo obelisco, que nunca dejó Egipto, fue oficialmente «devuelto» por Francia en 1981, al principio del primer mandato de François Mitterrand. 
“El obelisco que se alza en la plaza de la Concordia de París (23 metros de altura y 227 toneladas de peso aproximadamente) procede del templo de Lúxor, en el Alto Egipto. Se encontraba delante del pilón, lado oeste, que señalaba la entrda al lugar santo. El pilón estaba flanqueado por dos obeliscos, el segundo de los cuales ha permanecido en su lugar de orígen. El traslado del obelisco desde Lúxor hasta París se debe a Jean-François Champollion (1790-1832), genial descifrador de la lengua jeroglífica y salvador del genio faraónico. En 1829, mientras se encontraba en Egipto, Champollion tuvo noticias de que los ingleses querían comprar varios obeliscos al todopoderoso señor de Egipto, Mehmet-Alí. Se iniciaron conversaciones. El egiptólogo se transformó en hombre de negocios. Para salvar al menos uno de los obeliscos de Lúxor, que consideraba como una obra maestra amenazada de destrucción, Champollion propuso, por la suma de 300.000 francos, trasladar el monolito de Lúxor a París. Levantar un monumento semejante en la capital de Francia se correspondía con el deseo manifestado por Napoleón y era conforme al honor nacional. Las autoridades francesas y egipcias se pusieron de acuerdo y aprobaron la elección de Champollion, que dio a conocer sus condiciones: que el hombre encargado de llevar a buen término esta empresea no fuese un erudito sino un arquitecto de espíritu práctico. Poco antes de la partida de Champollion hacia Francia, en noviembre de 1829, Mehmet-Alí confirmó al padre de la egiptología que el obelisco que había escogido iría a París. El barón Taylor, enviado por Carlos X, llegó a Alejandría en 1830 para cerrar el trato. Puesto que las relaciones franco-egipcias corrían el riesgo de deteriorarse, decidió no perder tiempo. Una vez entregado el dinero a Egipto, un ingeniero, Jean-Baptiste Apollinaire Lebas, se encargó del traslado. Se construyó un barco especial, el Lúxor, que partió de Tolón en abril de 1831 y salió de Egipto con su precioso cargamento en abril de 1833. Atracó de nuevo en Tolón tras una travesía de 40 días. Pero el obelisco sólo sería depositado en París a finales de 1833, y hasta el 25 de octubre de 1836 no sería erigido en la plaza de la Concordia, en presencia de una multitud de unos 200.000 curiosos. Hasta el último momento, Lebas temió lo peor. Al ver que las cuerdas de un extremo amenazaban con romperse, un espectador, cuya identidad se desconoce, lanzó la orden: ¡Mojad las cuerdas!. La operación tuvo éxito y la aguja de piedra se levantaría, para su segundo nacimiento, bajo el cielo de París.”
Fragmento del libro “El Enigma de la Piedra”,  de Christian Jacq
Y con este salto en el espacio hasta París, volveremos al Templo para adentrarnos por fin en su interior. Pero eso ya será en el próximo capítulo...
Referencias bibliográficas:
* La Ruta Prohibida y otros Enigmas de la Historia. Javier Sierra. Editorial Planeta. 2007
* El Enigma de la Piedra. Christian Jacq. 1994 Editions Robert Laffont S.A.