domingo, 5 de junio de 2011

Capítulo 9 del viaje a Egipto - La Guerra: Horus y Seth

Seguimos nuestro caminar por el Templo de Horus en Edfú. Paseando por el pasillo exterior o deambulatorio, podemos ver como, en la lámina interior de las muros del templo, se describe el que quizás sea el capítulo más importante de la mitología Egipcia: la Leyenda de Osiris y la Batalla entre Horus y su tío Seth, que a grandes rasgos reproducimos a continuación, con la inestimable ayuda de las ilustraciones  de mi "Pintora Favorita" (dibujos de tipo cómic en tonos grises). La leyenda es digna de una telenovela y sus parecidos con ciertos pasajes de la Biblia cristiana tal vez no sean mera coincidencia. Por ejemplo, tenemos a Seth y Osiris en el papel de Caín y Abel; a Isis en el papel de la Virgen María; a Horus en papel de Jesús… 
Esta leyenda arranca mucho antes del nacimiento de Horus. Se podría decir que su inicio se gesta cuando de los Hijos del dios Ra, el Aire y la Humedad (Shu y Tefnut), nacieron dos divinidades: Geb (el Dios de la Tierra) y Nut (la Diosa del cielo). Geb y Nut cedieron el gobierno de Egipto a sus cuatro hijos, los Dioses Osiris y Seth, y las Diosas Isis y Neftis. Era costumbre la unión entre hermanos y hermanas para poder aspirar a una mejor línea de sucesión al trono. Independientemente, no estaban mal vistas las relaciones amorosas fuera de estos matrimonios de conveniencia, pero para presentar un heredero al trono la primera regla era que el hijo nacido fuera de la esposa legítima, y si ésta no podía concebir, el primer hijo nacido de cualquiera de las concubinas o amantes. Pero un dato muy importante a tener en cuenta era que, si en cualquier momento, aun habiendo nacido el primogénito heredero, nacía un hijo del rey con su propia hermana, éste sustituía automáticamente al primero en la sucesión legítima a la corona de Egipto. 
 
En el reparto de territorios que Geb y Nut hicieron entre sus hijos, el menos satisfecho fue Seth, por lo que comenzó a enemistarse con su hermano Osiris, su gran rival en el trono de Egipto. De estos cuatro hermanos, sólo Seth y Neftis eran hijos naturales de Geb, pues Nut concibió a Osiris con su abuelo Ra, y a Isis con el Dios Thot. La sucesión al trono como se puede ver se complicó aun más al contraer matrimonio Osiris con Isis y Seth con Neftis. Si bien Seth era el primogénito y heredero legítimo de su padre Geb, Osiris reclamó la corona porque su padre era el gran Ra, quien gobernó con anterioridad a Geb, y no solo eso, de su unión con Isis nacería un futuro heredero que bloquearía toda posibilidad a la descendencia de Seth, quien empezó a urdir una venganza contra su hermano Osiris para arrebatarle el trono de Egipto.
Coincidiendo con la visita de la Reina Aso de Etiopía, el Dios Seth preparó una gran fiesta de bienvenida en su palacio, invitando al resto de los dioses, incluido su odiado hermano Osiris. Para esta ocasión mandó preparar a sus mejores artesanos un gran cofre recubierto de piedras preciosas de gran valor con las medidas exactas en su interior de su hermano Osiris. Una vez terminado el banquete y los agasajos de honor a la Reina Aso, hizo sacar el espléndido cofre a la vista de todos los invitados, proponiendo un juego para amenizar a todos los presentes. Como si del cuento de la Cenicienta se tratase, prometió regalar el magnífico cofre a aquel que pudiera introducirse en él sin ningún tipo de dificultad que impidiera su posterior cierre. Uno detrás de otro, y alegres por la música y el buen vino, fueron intentándolo todos los invitados sin resultado.
Cuando le llegó el turno a Osiris, rápidamente Seth ordenó cerrar la tapa con clavos, procediendo a su sellado derramando plomo derretido por encima del cofre. Seguidamente mandó arrojar el cofre al mar. Con este golpe de mano, Seth se hizo con el Trono de Egipto, sin que los demás dioses reaccionaran y convencidos de la muerte de Osiris.
Sólo su esposa y hermana, la Diosa Isis, comenzó a buscar el cofre, al que localizó junto a la costa de la Ciudad de Biblos, en el actual Libano. Tras ocultarlo en un lugar que ella creía seguro, comenzó los preparativos para resucitar a su fallecido marido. Pero Seth se enteró de los planes de Isis y logró encontrar el lugar donde se encontraba escondido el cadáver de Osiris.
Seth esta vez cortó a su difunto hermano en 14 pedazos y los dispersó por todo Egipto. Isis no cesó en su empeño de devolver a la vida a Osiris, y uno a uno durante varios años, fue recuperando (gracias a su metamorfosis en águila por obra divina de Ra) todos los pedazos de su desmembrado esposo, excepto el pene, que había sido comido por un pez del río. Pero, siendo dioses como eran, este "pequeño detalle" no fue impedimento para que Isis concibiese un Hijo de Osiris, Horus, al que ocultó en los pantanos de la ira de su tío Seth.
Seth por su parte, para terminar con todos los problemas de sucesión, raptó a Isis para obligarla a casarse con él, pero algunos dioses cansados de la actitud de Seth, ayudaron a escapar a Isis. En su huida regresa a los pantanos y encuentra gravemente enfermo por la picadura de un escorpión a su hijo Horus. 
Sólo la ayuda del padre de Isis, el Dios Thot, logra salvar a Horus, quien en secreto comienza a ser educado y preparado para llegado el momento, vengar a su padre y recuperar su legítimo derecho a la corona de Egipto. Llegado el momento oportuno Horus hizo acto de presencia ante el Consejo de los Dioses, reclamando el Trono de Egipto ante la sorpresa de todos los presentes, incluido su tío Seth.
Rápidamente, Seth urdió una nueva treta, y mandó retirarse al resto de los dioses para que deliberaran su decisión, mientras en un tono conciliador, invitó a Horus a su casa para hacer las paces. Esta sorprendente historia, que más bien parece un tratado de ingeniería genética, como lo es el propio nacimiento de Horus, continúa con la violación de Horus por parte de su tío Seth, quien vierte su semen sobre Horus, sin llegar a depositarlo en su interior como Seth pensó. Informada Isis del suceso por su hijo, le ordena vertir su semen en una copa y posteriormente lo arroja sobre la comida de Seth, sin éste saberlo. En ese momento y ante los dioses que aún dudaban sobre la decisión a tomar sobre la reclamación del joven Horus, éste proclama que la semilla de Seth no está en su interior, sino que su propia semilla es la que está dentro de Seth. 
Los dioses ordenan a Thot examinar el cuerpo de Seth, y éste confirma la presencia del semen de Horus en su interior. Ofendido y burlado ante el resto de los dioses, Seth huye con ánimo de revancha, mientras que Horus es aclamado como el nuevo soberano de Egipto.Los problemas lejos de terminar, no han hecho más que empezar, pues Seth comienza una guerra desde sus dominios asiáticos de devastadoras consecuencias.
De las batallas que se iniciaron entre Horus y Seth nos han quedado numerosos relatos como los que se pueden observar hoy en día sobre los muros del Templo de Edfú, principal ciudad de culto a Horus en el antiguo Egipto y donde según la leyenda guardaba su "disco alado", con el que libró duros combates aéreos contra su odiado tío Seth.
En ayuda de Horus apareció un gran aliado, su bisabuelo Ra, que acompañado de un gran ejército de guerreros, se unió a las huestes de los "Shemsu-Hor", o seguidores de Horus. La primera batalla fue sobre territorio nubio, cerca de la Ciudad de Asuán, y resultó un éxito para el ejército de Horus, quien, decidido a lanzar una ofensiva final contra las tropas de Seth, estableció una importante fundición de armas metálicas hechas en "hierro divino", en su ciudad de Edfú, y donde entrenó a un ejercito de "mesniu" u hombres de metal, los primeros humanos que participaron en las guerras de los dioses. 
Una batalla tras otra todo Egipto quedó bañado en un mar de sangre, donde dioses y humanos lucharon codo con codo, una auténtica masacre que quedó grabada en el recuerdo de los antiguos egipcios. Poco a poco Seth se fue replegando en sus posiciones, y su derrota parecía próxima. Ante el acoso y la superioridad de efectivos de Horus y sus aliados, Seth cayó por fin prisionero, y fue llevado ante el Dios Ra, quien ordenó su entrega a Horus e Isis, para que procediesen como creyeran conveniente. Horus inició una orgia de sangre entre los compañeros prisioneros de Seth que fueron capturados junto a él, dejando el ajusticiamiento de Seth para el final. 
Pero ante la sorpresa de Horus, su madre Isis sintió lastima de su hermano Seth y le dejó escapar. La furia incontenida de Horus se volvió entonces contra su madre, a la que decapitó personalmente. Pero Thot le reinsertó de nuevo la cabeza. Seth, tras permanecer escondido algún tiempo y reagrupar a algunas fuerzas dispersas, reinició los combates. Esta vez Horus al frente de sus tropas y sobre una "columna ardiente voladora" estaba dispuesto a dar el golpe final a las extenuadas fuerzas rebeldes. En la última de las batallas el vehículo aéreo de Horus resultó alcanzado, aunque él resultó ileso, pero no sin antes derribar la nave de Seth, quien perdió los testículos en el incidente. Cansados de tantos horrores y muerte, el Consejo de los Dioses decretó una tregua, y llamó a ambos contendientes ante su presencia, la derrota de Seth era tan inminente que, no teniendo ya nada que perder accedió a presentarse ante el consejo. Se decidió que Seth se retirase a sus dominios fuera de Egipto perdonándole la vida. A cambio, él aceptaba el derecho de Horus a tener la corona de Egipto como el único y legítimo heredero. Finalizada la guerra, tanto Ra como Horus agradecieron a los humanos su ayuda en la contienda, ofreciéndoles libaciones y ofrendas, y permitiéndoles edificar santuarios y templos junto a los de los dioses, así como una cuota de autogobierno a traves de sus intermediarios, los sacerdotes, quedando para siempre en la memoria histórica del pueblo egipcio, y que el paso de los siglos nos ha hecho llegar en forma de leyenda.
LA LEYENDA DE OSIRIS Y LOS CUATRO TEMPLOS DE LA HISTORIA
Cada uno de los episodios de esta legendaria historia tuvo lugar en un sitio concreto de Egipto, relacionados cada uno con su respectivo Templo:
  1. La fiel esposa Isis resucitó a su marido en Abydos (Primer templo de la historia, y ahí concibió a su hijo Horus).
  2. Isis tuvo que refugiarse en la isla de Philae (Segundo templo de la historia) para proteger y criar a su hijo.
  3. Horus creció, desafió a su tío y le venció en Edfú (Tercer templo de la historia).
  4. Horus, reinando sobre Egipto y dios sobre la tierra, se esposó con Hathor cuya morada era en Dendera (cuarto templo de la historia). 
EL OJO DE HORUS
El Ojo de Horus, o Udyat "el que está completo", fue un símbolo de características mágicas, protectoras, purificadoras, sanadoras, símbolo solar que encarnaba el orden, lo imperturbado, el estado perfecto. En el transcurso de las luchas entre Seth y Horus los contendientes sufrieron múltiples heridas y algunas pérdidas vitales, como la mutilación del ojo izquierdo de Horus. Pero, gracias a la intervención de Thot, el ojo de Horus fue sustituido por el Udyat, para que el dios pudiera recuperar la vista. Este ojo era especial y estaba dotado de cualidades mágicas. El Ojo de Horus, o Udyat, se utilizó por primera vez como amuleto mágico cuando Horus lo empleó para devolver la vida a Osiris. Gozó de gran popularidad en el Antiguo Egipto, siendo considerado un amuleto de los más poderosos: potenciaba la vista, protegía y remediaba las enfermedades oculares, contrarrestaba los efectos del "mal de ojo" y, además, protegía a los difuntos. Como talismán simboliza la salud, la prosperidad, la indestructibilidad del cuerpo y la capacidad de renacer. En los Textos de las Pirámides (declaración 258, en la pirámide de Unis) se dice: «¡Su mal es expulsado! Se ha purificado con el Ojo de Horus». Y en el Libro de los Muertos: «El Ojo de Horus es tu protección, Osiris, Señor de los Occidentales, constituye una salvaguarda para ti: rechaza a todos tus enemigos, todos tus enemigos son apartados de ti». Y en los Textos de los Sarcófagos, encantamiento 64: «Te traigo el Ojo de Horus, para que tu corazón pueda alegrarse...». Encantamiento 316: Yo soy el fiero Ojo de Horus, quien marchó terrible... Los egipcios utilizaron un sistema muy antiguo para representar fracciones en medidas agrarias de superficie y volumen, basado en las divisiones entre dos de 1/2. Los signos de las fracciones mayores fueron tomados de las partes que componían el jeroglífico del Ojo de Horus. Cada fracción se representaba mediante una grafía del jeroglífico del ojo:
“¡Las paredes del Templo de Edfú cuentan la historia de la batalla entre Horus y su tío Seth!”
Horus capturando a Seth, que se encuentra representado por un pequeño hipopótamo.
 
En esta otra escena Horus ya viene victorioso con su presa, alentado por su madre Isis que aparece detrás. Esta estampa remeda la imagen de San Jorge matando al dragón, a fin de cuentas otra representación del bien triunfante sobre el mal. 
Como ya hemos visto en otros lugares de Egipto, los graffitti no son inventos modernos. Aquí alguien dejó uno parecido a lo que podría ser una Cruz de Tierra Santa o de las Cruzadas. O quizás su orígen sea algo más reciente y/o menos intrigante. No obstante, la existencia de este símbolo en un lugar como éste podría servir de argumento para una buena novela histórica.
Leones guardianes en el pasillo exterior del Templo 
Antes de seguir, a continuación mostramos, a propósito de la leyenda que acabamos de ver, algunas coincidencias más entre el Cristianismo y la religión del Antiguo Egipto:
ISIS, MADRE DE DIOS
El culto de Isis tuvo una influencia considerable sobre el de la Virgen María... Isis también fue el modelo para todas las reinas de Egipto, que eran conocidas como "hija de Dios", "gran esposa del rey" y "la madre de Dios". Las imágenes coptas (cristianas) heredaron esta concepción de la diosa (Isis), dando origen a representaciones posteriores de María Lactans. Los estudiosos han hecho comparaciones con el culto a Isis a finales de la época romana y el culto a la Virgen María. Después de que la religión cristiana ganó popularidad y comenzó a dispersarse en Europa y luego en Roma, los cristianos convirtieron el santuario de Isis en Egipto en una Iglesia en honor a María así como de maneras deliberadas tomaron imágenes del mundo pagano y utilizaron estas imágenes. Este fue el resultado de la exposición del cristianismo primitivo al arte egipcio. Numerosos egiptólogos coinciden en que "la imagen de Horus niño e Isis ha influido en la iconografía cristiana de la Virgen y el Niño“  "Los primeros cristianos a veces rendían honores, a las estatuas de Isis amamantando al niño Horus, viendo en ello un rito antiguo y noble acerca como por medio de la mujer (es decir, el principio femenino), se crearon todas las cosas, que finalmente se convirtió en la Madre de Dios.”
Isis amamantando a Horus (Museo del Louvre)
Isis lactans (Museos Vaticanos: Museo Pío-Clementino).
Madona Litta (L. da Vinci, Hermitage, San Petersburgo)
“Salve, Osiris, padre mío! Tú tuviste cuerpo, no te corrompiste, …no oliste, no te pudriste”
OSIRIS DE NAZARET
Si el nacimiento de Jesús se relaciona por sus detalles con el de Horus, su vida adulta, muerte y resurrección parecen extraídos de las andanzas de Osiris. Más paralelismos: Plutarco (125 – 50 ac) ya cuenta cómo al dios Osiris lo mataron un viernes y resucitó al tercer día. Los textos de las Pirámides también lo corroboran. Tanto a Osiris como a Jesús los traicionaron personas muy cercanas y fueron sendas mujeres, Isis y María Magdalena, las primeras en certificar su regreso a la vida. El apelativo “chrestos” (bondadoso o amable) fue aplicado a ambos y ambos compartieron el símbolo de la cruz. ¿Coincidencias? ¿Practicaba Jesús la magia egipcia aprendida durante su infancia en la tierra de los faraones? ¿o tal vez fuera que los datos de su vida que han llegado hasta nosotros fueron calcados “posteriormente” de cuentos y enseñanzas acuñadas en el Nilo? ¿Y las semejanzas entre el culto a Serapis y el Cristianismo, incluyendo el arrepentimiento de los pecados, la confesión, el rito de la inmersión en el agua, la sagrada familia compuesta por Isis, Osiris y Horus, o el hecho de festejar el nacimiento de Horus a finales del mes de diciembre…? Sea como fuere, estas “coincidencias” no han sido descubiertas en épocas moderna. En 1600, el dominico Giordano Bruno fue quemado en Roma por defender que el verdadero orígen de la cruz era faraónico…
“Jesús, deshonrado y ultrajado, es puesto en un sepulcro nuevo con todos los honores. Nicodemo lleva una mezcla de mirra y áloe de cien libras para difundir un fragante perfume” (Vía Crucis, Escuela Veneciana, S. XVIII, Catedral de Padua) 
Ahora es el momento de perdernos un poco entre el inmenso silencio del Templo...
Las laberínticas estancias
En esta foto un detalle curioso: no se aprecia muy bien pero el personaje, probablemente el Dios Ra, tiene la piel de color azul. Existe una expresión muy popular por la que los reyes y nobles se dice que "son de sangre azul". Al no realizar tareas en el campo, los nobles no tenían la piel morena y a través de su blanquísima piel las venas parecían llevar sangre azul. Pero quizás el orígen de la expresión sea más antiguo, y fuera una forma de relacionar a los reyes con su orígen divino (en concreto con Ra, que habitualmente era representado con la piel de color azul).
Y otra curiosidad más: si ampliamos esta foto de aquí arriba, en la esquina inferior derecha aparecen unos jeroglíficos que han  dado mucho que hablar. Los más famosos son los de Dendera pero los hay en Edfú y quizás en todos los templos. Son ni más ni menos que los dibujos de las famosas "bombillas egipcias":
Realmente, parecen bombillas con su casquillo, su cubierta de cristal y su filamento interno. Invitan a pensar que los egipcios, pioneros en muchas cosas, también descubrieron alguna forma de electricidad. Pero la explicación de estos jeroglíficos es más sencilla: Se trata de los Harsumtus, la denominación griega del dios egipcio "Hor-Sema-Tauy" (Horus unificador de las Dos Tierras). El dios Horus puede adoptar diversas formas en las representaciones, entre ellas, la de serpiente emergiendo de un loto. Y estos lotos cerrados de los que nace Harsumtus, son las supuestas bombillas.
Harsumtus representado en Dendera en formato panorámico (esta "bombilla" serviría entonces para un foco de un estadio de fútbol por lo menos).
Horus adopta en este caso el aspecto de un pequeño pajarito
Detalle de una columna
En diversos puntos del templo, sobre todo en las proximidades del santuario, hay frisos repetitivos formados por una especie de cestillos sobre los que se encuentra el anj, la cruz egipcia pero representada de una forma curiosa: le surgen unos brazos que sostienen unos cetros (Uas): se trata de un grupo decorativo con el significado simbólico de “ toda vida y poder”. 
Entre los innumerables jeroglíficos y personajes que pueblan la multitud de paredes del templo, nos llama la atención esta imagen de Sekhmet), "La más poderosa", "La terrible", símbolo de la fuerza y el poder. Diosa de la guerra, y de la venganza. Representada típicamente como leona, era hija de Ra, esposa de Ptah y madre de Nefertum.
Su ira era temible pero, si se conseguía apaciguarla, otorgaba a sus adoradores el dominio sobre sus enemigos y el vigor y la energía para vencer la debilidad y la enfermedad.  En varios textos estaba relacionada con la diosa Bastet, siendo Sekhmet la forma encolerizada de Bastet, que se transforma en gata cuando se apacigua como leona.
En algunos templos se le ofrecía sangre de animales sacrificados con el fin de evitar su cólera. Para conmemorar la salvación de la humanidad se celebraban, en su honor, fiestas de la embriaguez.
El Faraón es bendecido por la dos Tierras, el Alto y el Bajo Egipto.

Detalle de uno de los techos

Bajo el umbral
Foto de despedida del Templo
Explanada exterior, antes de llegar al Templo
ADIÓS EDFÚ
Una vez terminada la visita al templo nos dirigimos de nuevo en autobús directamente al puerto, donde el vendedor de pañuelos reclamó su prenda. La experiencia sobrepasó las expectativas. Preparando el viaje tenía la sensación de que este templo iba a ser una visita secundaria en el programa. Tal vez porque ser más moderno, pensaba que no iba a ser tan auténtico como los demás, digamos que iba a ser más griego que egipcio, por decirlo de alguna manera. Pero nada más lejos de la realidad. De hecho, aquí hemos aprendido los que quizás sean los mitos más antiguos de Egipto. Los griegos hicieron un buen trabajo de mimetismo cuando enraizaron en estas tierras...En el siguiente capítulo, más... 
Referencias bibliográficas:

sábado, 4 de junio de 2011

Capítulo 9 del Viaje a Egipto - El Amor: Horus y Hathor

Realizamos la primera parada tras dejar atrás Lúxor:
Después de una mañana completa de navegación río arriba, el barco hace escala en la ciudad de Edfú, en la que destaca el Templo de Horus, construido por la familia de los Ptolomeos.
Nada más bajar las escalerillas del barco sufrimos la avalancha de los vendedores como en ningún otro sitio hasta el momento. 
A mi "Pintora favorita" hasta le llegaron a colocar un pañuelo en el cuello para ver si picaba (a la vuelta se lo volvieron a pedir al ver que ella no accedía a comprárselo)…
ALGUNOS APUNTES HISTÓRICOS DE EDFU
El primer nombre de Edfu fue Uetyeset-Heru (“El lugar donde Horus es alabado”. 
Algunas instantáneas de Edfú durante nuestro camino.
Después se llamó Dyeba (“Ciudad de la retribución” ), cuyo nombre en copto era Etbó, palabra de la que se origina el actual nombre de la Ciudad. Fue el lugar donde la tradición sitúa la batalla entre los dioses Horus y Seth (que más adelante veremos con detalle)
Y cuenta la leyenda que Imhotep, el diseñador de la pirámide escalonada que veríamos el sábado siguiente en Saqqara, fue el primero en construir un templo en Edfu dedicado a Horus. 
En el Imperio Nuevo, algunos faraones, como Ramsés II y Shabako, construyeron la ciudad. En tiempos grecorromanos, la ciudad se llamó Apolinópolis Magna, ya que Horus era identificado con Apolo.
Es tradicional llegar a las inmediaciones del templo desde el puerto en calesa. En nuestro caso, hicimos el camino en autobús. Menos típico pero más tranquilo.
Ya llegamos.
Este es el ticket para entrar al recinto, que ya iba incluido en el precio del viaje contratado, por lo que fue el guía el que se encargó de comprarlos y repartirlos al grupo.
El templo de Edfu, dedicado al dios halcón Horus, fue comenzado el año 237 a. C. por Ptolomeo III Evérgetes I. En el año 212 a.C. se habían concluido las obras de la parte interior por Ptolomeo IV Filopátor, y se decoró en el 142 a.C. por Ptolomeo VIII Evérgetes II quien también terminó la primera sala hipóstila. Las obras en su totalidad no concluyeron hasta el 57 a.C con la colocación de las puertas. 
Nuestro esquema de los faraones de Egipto.
En color rosa, el periodo grecorromano, durante el que fue construido el templo de Horus.
Junto con Abu Simbel, el templo de Edfu es el mejor conservado de todo el Egipto antiguo, y junto con el de Karnak, el más importante. En realidad el templo original construido por Tutmosis III, de la dinastía XVIII, estaba en ruinas cuando la dinastía griega de los ptolomeos -sucesores de Alejandro Magno en Egipto- empezaron a reconstruir los templos de Egipto como un modo de acercamiento al pueblo de Egipto y a sus sacerdotes poderosos. Dicho acercamiento llegó a tal extremo que se impregnaron tanto de la religión egipcia que algunos preferían la momificación y el entierro mediante el rito egipcio. En las paredes del templo vemos a los faraones ptolomeos representados adorando a las divinidades egipcios. En realidad el templo nunca fue  del todo terminado y durante la ocupación romana algunos gobernadores romanos de Egipto se representaron en los cartuchos reales como faraones de Egipto. 
Plano del templo, con la entrada a la derecha del dibujo.
El templo mide 137 metros de longitud por 79 de ancho y 36 de altura. 
Representa la típica construcción de los templos con el pilono, el patio, 2 salas hipóstilas, una cámara de ofrendas, la sala central y el santuario. 
Ya que estamos con el plano del templo, una tontería. Alguien dice por internet que dicho plano pudo servir de base para diseñar el microprocesador Pentium de Intel. Desde luego hay gente aburrida por ahí para llegar a hacer estas comparaciones (o informáticos muy piraos por el mundo Egipcio).
A pesar de que estaba cubierto de arena y escombros de los asentamientos humanos, el templo de Edfú fue visitado por muchos de los primeros viajeros. La arena ha contribuido a preservar el edificio que apareció casi completamente intacto cuando fue limpiado y excavado por Auguste Mariette en el decenio de 1860. El estado de conservación del templo es su principal característica y lo convierte en visita imprescindible en Egipto.
Con la vista puesta ya en el gran Pílono, pasa desapercibida la construcción externa, prácticamente en ruinas, que se corresponde con el Mammisi o Casa de Nacimiento Divino.
Mammisi en idioma copto significa lugar de nacimiento, un término arquitectónico ideado por Champollion en el siglo XIX para denominar a las Casas de Nacimiento Divino (Per-Mes en antiguo egipcio): edificios singulares vinculados a los templos egipcios. Los ejemplos más célebres se pueden aún visitar y se datan, la mayoría, en las épocas ptolemaica y romana. 
Este pequeño templo está construido sobre un eje este-oeste. Por tanto es casi ortogonal respecto al templo de Horus, el cual se encuentra orientado de Norte-Sur (situación inusual a lo acostubrado en el resto de templo egipcios, quizás debido a motivos de las características del terreno). En el Interior del Mammisi hay relieves que representan el nacimiento divino de Horus.
Los Reyes Magos de Oriente eran...¡egipcios!
En el mammisi del templo de Edfu se reconstruyen los diferentes momentos del nacimiento del dios Horus como si se tratara de un cómic moderno. Lo más asombroso es que en una de las paredes podemos ver a los mismísimos “Reyes Magos”, que en este caso son cuatro. Cada uno de ellos provenía de uno de los cuatro puntos cardinales, es decir, de las tierras más lejanas de Egipto en todas sus direcciones. Su misión era, al igual que sucede con los Reyes Magos de las Sagradas Escrituras, adorar y traer cada uno un presente al recién nacido. Sorprendentemente, estos regalos eran oro, incienso, mirra y un libro de magia. Pero las similitudes no quedan ahí. En relación a esta leyenda sobre el nacimiento de la divinidad en época faraónica, una de las maneras que tenían los antiguos egipcios de celebrar esta tradición era regalando huevos. Hoy los llamaríamos huevos de Pascua, la Pascua del nacimiento de Jesús. Los egipcios identificaban la yema del huevo con el Sol y la vida que salía del interior de la cáscara. Al regalar estos productos se conseguía que la vida siguiera su curso natural; es decir, era una manera un tanto especulativa de adorar las mismas metas que perseguía el dios Osiris, la vida y la resurrección.
Bes, en lo alto de la columna. 
Nuestro guía hizo caso omiso de este pequeño templo y nuestros pasos se dirigieron directamente al Pílono del gran templo. Pero en esta foto general a la llegada podemos observar la existencia de un curioso personaje adornando la parte superior de las columnas del Mammisi. Se trata de Bes, un genio enano, barbudo y con melena que enseña la lengua. Representa al matrimonio, al amor sexual y los placeres libertinos, pero también se encuentra en multitud de amuletos mágicos y en lugares en los que las mujeres y los niños necesitaban de su cuidado. Bes alejaba los genios malignos que podían atacarlos durante el sueño, por esta razón aparece en multitud de amuletos en forma de reposa-cabezas. Además, su aspecto amenazador protegía de las picaduras venenosas de los reptiles e insectos; para todas estas funciones utilizaba instrumentos musicales tales como el arpa y el tambor. 
Una de las representaciones del simpático diosillo Bes, en Dendera.
El pilono:  Las 2 torres del pilono se dividen en 4 pisos con cámaras, unidas por una escalera de 145 peldaños. Están decoradas con imágenes de Ptolomeo XII Neo Dioniso sacrificando prisioneros ante Horus y Hathor, precedidas de 2 halcones realizados en granito negro. 
Vista general del pílono.
Horus, el principal protagonista de este templo.
Este Ptolomeo, además de sus continuas visitas al baño, también se dedicaba a guerrear.
Detalle del dintel del pílono
Horus es un dios muy antiguo, ya conocido en la época predinástica. Era un dios vinculado a la realeza que tutelaba a los monarcas tinitas, cuyo centro de culto era Hieracómpolis. Desde el Imperio Antiguo, el faraón es la manifestación de Horus en la tierra, aunque al morir se convertirá en Osiris, y formará parte del dios creador Ra. 
Durante el Imperio Nuevo se le asoció al dios Ra, como Ra-Horajty. Forma parte troncal de la Gran Enéada y forma parte de la tridiada Osiríaca: Osiris, Isis, Horus.
Entramos ya al Patio, que es muy espacioso y se encuentra circundado por columnas en tres de sus lados (peristilo), formando los pórticos cuyas paredes están cubiertas de imágenes. Entre las diversas escenas destacan las de las fiestas de la unión entre Horus y su compañera: la diosa Hathor de Dendera.
Cuenta la leyenda que, todos los años, la divina Hathor se rencontraba con su amado esposo Horus para un enlace místico. 
El ritual de esta fiesta, una de las más populares del gran valle, se pueden ver en los relieves de los muros de Edfú y Dendera. Se trata de una fiesta agraria, que con el retorno de la diosa se probaba la gran fertilidad de sus tierras. 
Cinco días antes del encuentro de Hathor con su esposo, ésta era sacada del templo de Dendera subida en su embarcación de gala y trasladada por todo el Nilo hasta Edfú, donde le esperaba Horus.
Tras lo sacrificios rituales y la música.. la pareja divina se trasladaba al santuario para pasar su primera noche en el secreto del Mammisi del templo. Le sucedían trece días de fiestas en la que ambos dioses eran venerados por sus gentes.
Detalle de las columnas.
Los cartuchos y jeroglíficos no dejan un espacio de muro vacío.
Los dioses derraman sobre el Faraón, el agua del Nilo, que simboliza a la vida y que está representada en forma de múltiples pequeñas cruces egipcias Ank.
En el primer patio podemos observar en las paredes algunos cartuchos reales vacíos. Eso es debido a que el período de construcción del templo era de agitación política, y los usurpadores del poder mandaban tachar los nombres de sus antecesores y poner el suyo. Por eso los artesanos prefirieron dejar los cartuchos vacíos hasta terminar el templo.
Una vista del patio y de la fachada de la Primera Sala Hipóstila o Pronaos nos da una idea de la grandiosidad del monumento
Delante de la primera Sala Hipóstila, el dios Horus continúa montando guardia, tocado en este caso con la doble corona del faraón
Perfil para la posteridad.
Detalle del eje del Templo, desde la Sala Hipóstila, con la Naos al fondo.
El negro hollín procedente de las hogueras de gentes que, tal vez durante cientos de años, han usado la parte excavada como refugio.
La Primera Sala Hipóstila se compone de doce columnas sobre dos filas. Presenta una estancia a cada lado: la de la derecha estaba destinada a la purificación de los sacerdotes y la de la izquierda incluía una biblioteca.
Tras la pronaos, se accede a la Segunda Sala Hipóstila.  Es la parte más antigua del templo. Compuesta también de 12 grandes columnas decoradas con formas vegetales en su parte inferior, y dispuestas en este caso por 4 grupos de 3 columnas paralelos y simétricos respecto a la entrada.
Incluye 4 pequeñas salas destinadas a las ofrendas secas, las ofrendas líquidas, y al laboratorio. Esta última contiene escenas sobre la preparación de productos a emplear en las ceremonias.
Es característica la iluminación del templo, con habitaciones cada vez más pequeñas que impedían el paso de la luz gradualmente hasta llegar al oscuro santuario, que recibe la iluminación sólo desde el eje. Entre las columnas y en el techo existen pequeñas aberturas que permitían el paso de la luz a determinadas habitaciones. 
En uno de los pasillos, nuestro guía le pidió a mi "Pintora favorita" por un momento el pañuelo blanco que curiosamente ella poseía de forma temporal. Con él, el guía pudo demostrar cómo la luz que entraba por los pequeñas huecos del techo, al reflejar en los elementos blancos como podía ser la ropa, iluminaba la estancia. A fin de cuentas, el pañuelo "prestado" por los vendedores del puerto tuvo su misión…
Tras la sala hipóstila se encuentra la Cámara de las Ofrendas comunicada con las terrazas a través de una escalera.
El corazón de la Sala Central es el Santuario con el naos, monolito de granito gris de unos 4 metros de altura, en el que se encontraba la imagen de Horus y el pedestal en el que posiblemente se ubicase la barca como la que actualmente ocupa el lugar (reproducción, la original se encuentra en un museo europeo). El naos podría pertenecer a un templo más antiguo. 
En torno al Santuario, un corredor da acceso a diez Salas o Cámaras Rituales, cada una con un nombre, como por ejemplo “La Cámara de los Paños”, “La Tumba” o “La Cuna” cada una con un destino determinado.
Escondida en la pared interior del pórtico de una de las salas rituales aparece esta curiosa e infrecuente imagen amorosa. El faraón, que asume el papel de Horus, se encuentra abrazado por su esposa, la cual porta los atributos de la diosa Hathor.

Un esquemita coloreado para situarnos en las estancias por las que hemos pasado.
El físico inglés Thomas Young fue quien descifró por primera vez los jeroglíficos de los nombres Ptolomeo y Cleopatra en la piedra de Rosetta.
Pero Champollion hizo un enorme progreso cuando descubrió que algunos símbolos representaban ideas, mientras que otros, simples sonidos. 

El Nilómetro:
El guía no lo mencionó durante la visita, pero nosotros (aunque no lo tuviéramos localizado en el mapa) sabíamos de su existencia. Habíamos investigado el plano del templo antes del viaje y nos llamó la atención la existencia en este templo de un nilómetro. Se trata de uno de esos sitios especiales que hay que encontrar cuando buscamos un monumento, como si de la caza de un tesoro se tratara, con más ilusión por encontrarlo que por lo que es en realidad. Así que, cuando el guía nos dejó unos minutos libres para pasear por el recinto se nos ocurrió buscarlo.

A pesar de que el templo ptolemáico de Horus no es demasiado grande, su laberinto de estancias y pasillos exteriores podía conseguir que no lo localizarlo, dado el poco tiempo que nos restaban para dirigirnos de vuelta al autobús. Sin embargo, no nos dio tiempo siquiera a preguntar cuando el "habbibi" de turno, que hacía las veces de vigilante del lugar (uno de esos que parecen los extras o parte del decorado de una película), leyó nuestros pensamientos y nos hizo señales para que le acompañáramos. ¿A dónde nos llevará? ¡Que no nos da tiempo de encontrar el nilómetro...! Y en unos instantes estábamos ante una sencilla escalera que bajaba hasta un charco de agua estancada. Ni más ni menos que unos simples escalones que, si se desconoce su función, pasan perfectamente desapercibidos. 
El egipcio, listo como el hambre, parece que nos leyó el pensamiento. Y por la inevitable propina, nos había llevado hasta él.
Los nilómetros eran unos indicadores muy similares a los pozos, que se utilizaban para medir las aguas y predecir la crecida anual del Nilo. Se cree, que ya, desde tiempos remotos, estuvieron repartidos por varios puntos a lo largo del recorrido del "Río de la Vida". Muchos templos construídos durante la época Tardía, aunque estuvieran próximos a los otros más antíguos, tenían su propio nilómetro, de los que se conservan algunos. En la isla de Filae hay dos que se encuentra a pocos metros de distancia: el primero desciende por el lado de un promontorio desde la columnata cercana al templo de Nectanebo I, y el segundo se encuentra más al norte, cerca del mammisi ptolemaico. Los primeros y más importantes se construyeron en Asuán y en Menfis y los últimos cerca de la segunda y cuarta catarata en Nubia. Su tamaño y su estilo podía ser diferente ya que mientras algunos consistían sólo en unos pocos escalones situados al borde del agua, el nilómetro de Asuán tenía noventa peldaños que se adentraban en el agua. Por otra parte, podían ser abiertos o bien podían tener unos escalones flanqueados por muros, en ocasiones cubiertos por un techo. Lógicamente, no es lo que era sino lo que había sido. Tras la construcción de la gigantesca presa de Asuán, el Nilo ya no tiene crecidas. Pero hasta la mitad del siglo XX, de las crecidas del río dependía la vida del país de los faraones. Según la altura de la escalera a la que llegara el agua, los sacerdotes podrían realizar una estimación de cómo serían las cosechas de esa estación, y de esta forma calcular los impuestos que podrían arrebatar a los agricultores. De hecho, las propias estancias del templo actuaban como sagrados graneros donde se acumulaban las ofrendas. Como desde los tiempos inmemoriales, quien tiene la información tiene el poder, y para eso los chamanes de todos los pueblos siempre han sido los primerosRefiriéndose al de Elefantina, al que el historiador romano Plinio el Viejo decía:
"Cuando el ascenso alcanzaba doce codos, hay hambre; en trece hay escasez; catorce trae alegría; quince seguridad y dieciséis abundancia, gozo o placer"

Posteriormente, en nuestro viaje veríamos otro nilómetro más llamativo, en este caso en forma circular, en el Templo de Sobek de Kom Ombo. 

Nilómetro del templo de Sobek
Y aquí haremos un descansito. Seguiremos contando nuestro paseo por la casa del halcón Horus en el próximo capítulo. Hasta ahora hemos visto la parte amorosa de Horus con Hathor (extraña pareja la de un halcón y una vaca). Después veremos la cara vengativa y guerrera del pajarito: su lucha contra Seth. Seguidnos, si es que aún no os he aburrido con tanto templo egipcio.

Bibliografía: