martes, 17 de enero de 2012

Hace tiempo que no hablamos

Hola. Hace ya bastante tiempo que no hablamos. Al menos directamente. La causa es evidente. Me gusta más escuchar que decir, y contigo solamente habría un monólogo más que un diálogo. Quizás tú seas muy culpable de mi escepticismo crónico. Recuerdo perfectamente aquella frase tuya: "Con lo que os quería, si tu abuelo pudiera ya habría vuelto de donde esté". Eso sin contar tu forma de vida pragmática aunque filosófica a la vez. Una filosofía basada en la experiencia, en tu "universidad de la calle": pragmática, sí, pero a la vez poco llevada a la práctica. Si muchas de tus palabras hubieran sido hechos, quien sabe si otro gallo te hubiera cantado.

Sin embargo, el hecho de que mi mente piense fríamente que ya no volverás y aunque en estos más de 10 años no me haya dirigido directamente a tí, no quiere decir que no haya pensado continuamente en qué harías tú en mi lugar cuando se me han planteado momentos delicados. Y bien sabes que he obrado, sigo obrando y obraré en consecuencia. Como tú me enseñaste, voy por la vida intentando llevar un equilibrio con las personas que me rodean, y en ese camino, si alguna vez hago algo mirando más por mí  que por los demás es pensando que, a largo plazo, el beneficio no será solo mío. Aunque a pesar de ello a veces haya gente que se quede en el camino.


Pero, ¿por qué te cuento este rollo? Pues porque necesito poder desprenderme definitivamente de lo anterior; para pedirte permiso para realizar un cambio mental que ya se viene desarrollando desde hace unos meses para acá. Para cambiar la desilusión de una vida perdida (la tuya) por la gigantesca ilusión de otra vida, la del que como sabrás lleva más de cuatro meses entre nosotros. No creas que voy a dejar de preguntarme qué harías tú en mi lugar. Siempre estarás viviendo entre las neuronas de mis recuerdos. Y jamás voy a olvidar que este niño pudo tener al abuelo que no tendrá. Pero en otra forma te tendrá. De hecho intentaré que estés muy presente en su mente. Te conocerá, aunque nunca pueda darte un beso. Aunque no puedas llevarlo a los bloques a ver pescar. Aunque no puedas gastarle bromas hasta aburrirlo. Aunque no puedas reñirle cuando haga una travesura. Aunque nunca celebre un gol del cádiz contigo en fondo norte. Aunque no puedas comprarle todos los juguetes del mundo...Sabrás como eras y como serías con él.


Sabrás cómo nos animaste a su madre y a mí cuando el primer intento no se hizo realidad. Sabrá cómo te alegraste cuando supo que venías definitivamente. Sabrá la cara que pusiste cuando viste su cara por primera vez, dormidito sobre la almohada. Sabrá la desbordante y excesiva alegría (genio y figura) que mostraste cuando nació, cuando lo cogiste por primera vez. Sabrá lo que presumiste de nieto por el barrio. Sí, sabrá que aunque jamás te tocará ni te olerá, estuviste, estás y estarás.


Aunque el único resquicio en el que perduras (como creo muy a mi pesar) son las conexiones neuronales que contienen nuestras vivencias, ten por seguro de que seguirás viviendo al menos una generación más...

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